06 noviembre 2012

Noche de fiesta, noche de tragedia



 (artículo escrito por Puri Estarli para Ogíjares Actualidad)


Podría haber sido una concatenación de pasos erróneos:

“Si no hubiera comprado la entrada”, “si no se hubiera disfrazado”, “si no hubiera acudido a la fiesta”, “si no se hubiera quedado en la primera planta”, "si no hubiera tenido ganas de ir al baño”, “si no hubiera sentido pánico”,…

Podría haber sido una concatenación de negligencias:

“Si hubieran tenido la licencia de funcionamiento”, “si no hubieran organizado la fiesta a pesar de todo”, "si no se hubieran excedido en el aforo máximo permitido”, “si no hubieran dejado entrar a menores”, “si hubieran pedido el DNI”, “si hubieran registrado las mochilas”, “si hubiera habido más seguridad”,…

Todo eso hoy ya da lo mismo, porque hoy hay cuatro padres y cuatro madres haciéndose, una y otra vez, la misma pregunta, que lo engloba todo y nada al mismo tiempo: ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ?! Preguntas sin respuestas, nada puede responder ni justificar la muerte de cuatro jóvenes que una noche se disfrazaron y acudieron a una fiesta, como miles de jóvenes más, a divertirse.

La diversión estaba asegurada: el dj Steve Aoki, estrella planetaria y cuyas entradas se agotan meses antes, actuaba esa noche.  La juventud estaba enfervorecida. “Es un dios” “Sus mezclas son tremendas” “Se entrega al público como ningún dj”, aseguraban los jóvenes en las Redes Sociales. Música psicodélica, delirante, unida al consumo de alcohol, una mezcla explosiva para los sentidos de los miles de jóvenes que hacinados disfrutaban del espectáculo. Absurda hegemonía de lo insustancial y lo prohibido.

La juventud tiene todo el derecho del mundo a divertirse, pero no a toda costa. A cambio de la codicia, la inmoralidad  y la irracionalidad de unos pocos avaros, dejando en un segundo plano la filosofía de los valores humanos y la seguridad, ¡no! Dinero a costa de qué, ¡¿de cuatro vidas?! No compensa. Y mientras muchos miles de jóvenes, más de la cuenta, se hacinaban en el centro de la pista para escuchar y ver el espectáculo de Aoki, otros tantos, también más de la cuenta, se afanaban en su intento de sobrevivir a toda costa. Verdadero instinto natural de supervivencia. Más de treinta minutos atrapados, aplastados, sin aire, son demasiados minutos. Las salidas estaban precintadas, no había escapatoria.

Pero entre tanto caos, error y negligencia, afortunadamente, también hubo cabida para la ayuda mutua, para la solidaridad de unos cuantos que se dejaron el pellejo literalmente para rescatar de un trágico final a conocidos y desconocidos.  Hubo cabida para la colaboración incondicional y el respeto por la vida de los demás.  Sin duda, todo un ejemplo para los avariciosos que organizaron la trágica fiesta de Halloween.

Puri Estarli

6 comentarios:

  1. Lo realmente triste y trágico, Puri, es que estas cosas no dejaran de pasar, que la codicia es común al ser humano y poco importan los medios si se consigue el fin, que no es otro que el de enriquecerse pese a las desgracias ajenas. Eso es lo realmente triste y trágico, que posiblemente, de aquí a unos días (dicen por navidad) otros padres se quedaran sin hijos y a nuestros malos gobernantes no les importará una mierda.

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    1. Desgraciadamente, así es, Frank. Ya no hay valores, solo codicia y aumentar unos ceros la cartilla del banco a costa de ¡Cualquier cosa! ¡Una pena!

      Gracias por el comentario, Frank!

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  2. La codicia es jodida, pero la codicia asociada con cualquier acto relacionado con la juventud, es además asesina. Existe mucha tendencia cuando se trata de jóvenes a sacar lo máximo posible, a abusar, a vender alcohol de malísima calidad, a llenar los aforos muy por encima de su capacidad. Existen empresarios, organizadores, empresas de seguridad, y por qué no decirlo, incluso funcionarios, especializados en sacar la máxima pasta posible porque saben que cualquier acontecimiento relacionado con la juventud es multitudinario gracias a las redes sociales, a los Wasaps y a los móviles. Es una caterva de hijos de puta a los que no les importa nada que no sea sacar pasta. Ahora vendrán las protecciones del propio culo, el señalar a otros con el dedo, el quitarse la responsabilidad de encima, pero la única realidad, lo único que importa, es que han muerto cuatro jóvenes que tenían toda una vida por delante. Una vida, probablemente, casi seguro, mucho más interesante que la de la caterva de hijos de puta que han provocado, cada uno con su aportación de mierda, que ocurra una desgracia como esta.

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    1. Ya te he respondido en el Facebook, pero si me dejas te diré algo más que se me ha quedado en el tintero. No comprendo cómo puede haber tanta gentuza con tan pocos escrúpulos por ahí sueltos, que lo único que quieren es enriquecerse sin mirar a quién o a quienes van a perjudicar. Esa gente, ¿tiene la conciencia tranquila cuando se acuesta?

      Muchas gracias por el comentario, Félix.

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  3. Nuestros jóvenes tienen el sentido de la diversión distorsionado. ¿Es divertido asistir a fiestas en las que uno no se puede mover? ¿Es agradable pisar cristales rotos o ver volar botellas por los aires? Es lamentable reventar taquillas, aunque eso ponga en peligro la vida de los asistentes pero también lo es creer que es divertido entrar en un local como ganado en un camión. ¿Y los padres? ¿Qué pensaremos en nuestra cama cuando nuestros hijos salgan de fiesta? Salir de noche se ha convertido en un riesgo absurdo. Cada fin de semanas hay reyertas, heridos y muertos. No podemos permitir que nuestros jóvenes se jueguen la vida cada fin de semana. Cuando la diversión tiene un precio tan alto deja de serlo. Pero claro, hasta que no pasa algo así los locales de ocio es un "todo por la pasta". Tan culpables son esos empresarios inconscientes como las autoridades que no controlan la naturaleza del peligro. Más gana un empresario, más impuestos recaudarán las arcas municipales; y ese es el juego. Permitir esto es convertir estas salas de ocio en un 007, con licencia para matar...

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    1. Bien es cierto que la forma de divertirse actualmente deja mucho que desear y yo pienso que la razón está en la falta de valores, de esos principios que deben estar bien asentados desde la etapa infantil. Si falla desde la base, fallará el adulto. ¿La culpa? La escuela, la familia, ..., la sociedad entera. Parece que si no destrozas algo, si no fumas porros, si no te emborrachas, ..., no eres "guay" o como se diga ahora. Pero eso sería otro debate. El caso es que la juventud tiene derecho a divertirse, claro que sí, pero no a cualquier precio. Y esa falta de valores, esa locura colectiva, esa falta del sentido del peligro que tiene la juventud actualmente ( estoy hablando siempre en términos generales) todo eso lo saben aprovechar los listillos de turno para enriquecerse sin escrúpulos, y lo que es peor, incumpliendo normas, leyes y los demás, los responsables mirando para otro lado porque saben que ellos también se enriquecerán.
      Mis hijos son todavía pequeños, pero la noticia me llegó bien hondo y me dio un vuelco el estómago. No quiero ni imaginarme el futuro cuando tengan 18 años.

      Te agradezco el comentario, Josep.

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