17 agosto 2012

¡Se hizo realidad!

Después de varias semanas de trabajo, puedo dar por terminada la, ardua pero satisfactoria, tarea de realización del book trailer de mi primera novela, El secreto de Las Margaritas.

No ha sido fácil teniendo en cuenta la escasez de tiempo y lo poco, o nada, que conocía del programa (PINNACLE STUDIO) que he utilizado para la realización del vídeo. Pero, a pesar de ello, he conseguido terminar algo que, quiero pensar, puede ser visto sin agredir la vista del espectador. 


El secreto de Las Margaritas lleva más de cuatro meses entre los ebooks más vendidos de Amazon y todo gracias a los miles de lectores que han apostado por una escritora indie, de la conocida como Generación Kindle. Para mí es una gran satisfacción ver mi primera novela situada en el Top 100, teniendo en cuenta que hay más de 43.000 libros en Amazon España; pero sobre todo, lo que más me satisface es la posibilidad de poder leer las opiniones de los lectores, interactividad que solo se consigue por medio de la publicación en canales digitales.
 
Como ya dije en otra de mis entradas, la promoción también corre a cargo nuestro, y no es nada fácil. No sabes en cada momento si pecas por exceso o por defecto; si beneficias o, por el contrario, perjudicas esa promoción; si atosigas al posible lector o comprador de tu ebook o lo aburres. Es complicado mantener un equilibrio, pero intentamos en todo momento hacerlo lo mejor posible.

El book trailer que ahora presento nace como otra forma de promoción, una manera visual de dar a conocer lo mejor posible la novela El secreto de Las Margaritas. 

Espero que os guste.

05 agosto 2012

En un valle del norte...



Me desperté demasiado temprano. El sueño había desaparecido de pronto y una ligera ansiedad por levantarme y salir de entre las sábanas me empujaba.
Las ventanas estaban cerradas pero algo de luz entraba por los pequeños resquicios de los antiguos postigos de madera ya gastada por el paso del tiempo. No sabía qué hora era pero supuse enseguida que el amanecer se estaba imponiendo a la noche. La curiosidad pudo más que la pereza y decidí salir de la habitación.
Bajé las escaleras despacio y de la manera más liviana posible para no despertar a nadie. Algo en mi interior me decía que continuara, que no me detuviera dentro de la casa, que siguiera andando hasta el exterior.
Mi corazón entonces comenzó a latir veloz, la ansiedad aumentaba por momentos como si un presentimiento de lo que iba a ver y a sentir se hiciera presente y fuerte en él.
Terminé de bajar las escaleras. En el salón ya se podía notar un anticipo de lo que en unos minutos iba a vivir: la luz penetraba por la pequeña cristalera de la puerta con total libertad e inundaba toda la estancia de colores ambarinos. Sin pensarlo dos veces, tomé el pomo de la puerta, lo giré y... allí estaba, eterno, bello, el amanecer sobre un infinito y verde valle del norte. Mis ojos se inundaron de paz, mis músculos se relajaron,..., el tiempo se detuvo en el paisaje.
De infinita libertad, la belleza se hizo vida delante de mí, y ahí me quedé no sé cuánto tiempo, pero no pude moverme, solo contemplar, deleitarme con la belleza de un valle cubierto de una espesa niebla que comenzaba entonces a disiparse conforme los rayos de luz se hacían más fuertes, y dejaba al desnudo un inmenso mar de verdor únicamente salpicado de algún tejado.
El mar azul al fondo parecía incluso celoso de esa belleza que se imponía a toda razón. El cielo dejaba entrever su claridad, dejando atrás sus tonos grisáceos para transformarlos en dorados.
Mis sentidos cobraron vida en ese momento, creo que nunca antes lo habían hecho con ese poder, como si nunca los hubiera tenido y ahora despertaran de su letargo. Un olor especial inundó mi olfato: tierra húmeda mezclada con el olor a sal. Mis oídos se agudizaron y comenzaron a escuchar el despertar de un pueblo privilegiado, de sus gentes afables y de sus animales.
Mi cuerpo se dejaba llevar por las sensaciones, mi piel incluso sentía la belleza de esa grandiosidad que tenía delante de mis ojos. Entonces quise volar, lanzarme al vacío cuán gaviota y observar con libertad tanta belleza que nos ofrece la vida y que está ahí delante de nuestros ojos y que no sabemos mirar. Dejamos pasar el tiempo: horas, minutos, segundos siquiera, sin darle importancia a momentos tan insignificantes como es el amanecer de cada día.
Y yo, para no irme de esta vida sin admirar ese espectáculo, aquí estoy, mirando al frente, a un Cantábrico infinito, rebosante de luz y magia, con el sol a mi derecha que aún camina perezoso, con un valle deslumbrante bajo mis pies y la agradable sensación de haber perdido el sentido del tiempo porque, con esta belleza, el tiempo...no tiene sentido.