03 julio 2013

Nelson Mandela



          

     
       Nelson Mandela se encuentra ingresado desde el 8 de junio en el hospital Medi Clinic de Pretoria aquejado de una dolencia respiratoria que viene arrastrando desde hace años. Su verdadero estado de salud se ha convertido en motivo de tertulias, disputas, cotorreos, reuniones clandestinas… Nadie conoce en realidad la gravedad de su situación. No hay claridad en los partes médicos ni familiares.

          
          En el pueblo donde el Premio Nobel de la Paz se crio, en Qunu, es tabú hablar del tema. No tanto de Mandela como de su muerte. Las costumbres africanas, y sobre todo las de la etnia xhosa a la que pertenece Mandela y su familia—, prohíben hablar de la muerte de una persona mientras aún siga con vida.


          Se oyen voces —como las del prestigioso periódico sudafricano Sunday Timesque aseguran que Mandela está más muerto que vivo y que si sigue respirando es gracias a un respirador artificial. Y se basan en otra de las costumbres del pueblo africano, la de estar en paz con el mundo de los que han muerto antes, con los antepasados. Mandela tiene tres hijos fallecidos que deben ser trasladados desde donde ahora están enterrados (Mvezo) hasta Qunu. Mandla, un nieto de Mandela y su sucesor como Jefe de la Tribu, trasladó los cuerpos en 2011 desde Qunu a Mvezo. Parece ser que se deben volver a trasladarse a Qunu —localidad donde Mandela desea ser enterrado—. De no ser así, Mandela no alcanzará el descanso y la paz con sus ancestros y los viejos del clan familiar de Mandela “no le dejarán morir”. Pues bien, este traslado ya se ha ordenado por vía judicial, por lo que Mandela ya tiene donde descansar en paz.


          Pero dejando a un lado toda esta controversia, digna de la mejor trama de una novela de intrigas, lo importante es la persona de Mandela, el ser humano, el padre —“Tata”, como le llaman muchos ciudadanos sudafricanos— de la lucha contra el apartheid.


          El término ya causa pavor. Apartheid, significa separación en africáans (legua germánica, criolla del neerlandés). Seguro que a todos nos viene a la cabeza al pronunciarlo otras palabras con significado similar como segregación racial, división de razas, xenofobia, racismo,…, discriminación. En Sudáfrica existió hasta hace poco finales del siglo XX (el año 1994 fue el primero en el que la población negra ejerció su derecho al sufragio) todo un régimen de segregación racial de iure, con leyes discriminatorias que abarcaban todos los ámbitos de la sociedad. A este sistema se le conoce como apartheid.


          Si bien Martin Luter King fue el padre de la lucha contra la discriminación racial en América, Mandela lo es en África. Ha luchado de manera “gandiana” por las libertades y mientras le quede un hálito de vida lo seguirá haciendo.


          La mayoría negra de Sudáfrica ha estado ampliamente oprimida por la minoría blanca. En 1948 el Partido Nacionalista, constituido por blancos afrikáner (de origen holandés), emitió las leyes de la segregación racial. Leyes monstruosas e inhumanas, escritas desde la absurda hegemonía heredada del color de piel por hombres igualmente absurdos, inhumanos y monstruosos.


          Entre otras cosas:

·         Estaba prohibido el matrimonio interracial.

·         Se instauró un registro obligatorio de razas.

·         Se establecieron zonas segregadas para blancos y negros en playas, cines, autobuses, escuelas.

·         Se prohibió a los negros vivir en ciertas zonas específicas para blancos e incluso se les expulsó y se les crearon, para ellos, estados independientes, conocidos como “bantustanes”.


          Comenzaron entonces a surgir partidos de lucha debido al incremento de la discriminación, tal es el caso del grupo que lideró Nelson Mandela, el ANC (Congreso Nacional Africano). En 1963, el Premio de la Paz fue detenido, junto a otros dirigentes políticos, y condenado por traición a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, la mayor parte de los cuales los pasó en Robben Island (Ciudad del Cabo) en condiciones lamentables. Fue allí donde comenzaron sus problemas de salud a raíz de una infección pulmonar.


          En 1989 comenzaron a darse los primeros pasos a favor de la exterminación del apartheid. Fue Frederik de Klerk quien, después de asumir el cargo de presidente de Sudáfrica, comenzó a abolir las leyes segregacionistas y liberó a Mandela de la cárcel. En 1993, ambos, de Klerk y Mandela, compartieron el Premio Nobel de la Paz, y no fue hasta 1994 cuando, en las elecciones a la presidencia de Sudáfrica salió vencedor Nelson Mandela, convirtiéndose así en el primer presidente negro del país. En estas votaciones pudo votar, por fin, la población negra.


          Nelson Mandela luchó siempre por las libertades y por los derechos humanos. No consintió —ni consentirá mientras esté vivo— ningún tipo de opresión, ni entre negros ni entre blancos. Ya lo dijo él mismo en una de las declaraciones mientras estuvo encarcelado:


«He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros. He deseado una democracia ideal y una sociedad libre en la que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal con el cual quiero vivir y lograr, pero si fuese necesario, también sería un ideal por el cual estoy dispuesto a morir»


Nelson Mandela, de 94 años de edad, sigue hospitalizado y según parece en estado crítico. Pero no está solo y no morirá solo. Es una persona muy querida dentro y fuera de su país. La muestra la tenemos a las puertas del hospital donde miles de ciudadanos y simpatizantes rezan por Mandela y le rinden homenajes en apoyo y gratitud por su lucha en contra del régimen racista del apartheid.


Mandela morirá pero nos deja un incalculable legado: libertad, democracia e igualdad, no solo para Sudáfrica sino también para el mundo entero.



«Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre»
                                                                                -Nelson Mandela-

 

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Un gran hombre, sí señor!
      Gracias, carmen, por tu comentario.

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  2. Me encanta Puri, este relato, esta semblanza de un grande de los s. XX-XXI. y genial como aprovechas la figura de Nelson Mandela, para hacer un alegato contra la discriminación racial o cualquiero otro tipo. Felicidades! Un enorme post.
    Besos
    Julio

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    1. Es que es algo que no debería de existir. Pero desgraciadamente la discriminación racial ha existido. Se ha erradicado bastante pero es cierto que aún quedan rescoldos. Creo que la educación, como decía el propio Mandela, es la base de la libertad.
      Un beso, Julio, y gracias por el comentario.

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