19 octubre 2013

Detrás de una mirada: El drama de la inmigración


"Comprobé que en el mundo había muchas formas de vivir y vi que un nuevo horizonte, el que buscaba, estaba a mi alcance"

          Esta es la mirada de Said, un marfileño de 23 años que llegó a nuestro país a principios de 2011 huyendo de las masacres, violaciones, asesinatos... y en general de la violencia e injusticias que asoló su país entre noviembre de 2010 a abril de 2011. 
       
          La tragedia se cebó en su familia: A su padre lo mataron en 2002, durante la 1ª guerra civil de Costa de Marfil; a su hermano le pegaron un tiro delante de él, en 2010; y quemaron su granja familiar de cacao, la unica manera de susbsistir que tenían. Huyó a la vecina Liberia con su madre y su hermano pequeño donde fue acogido como refugiado por una comunidad. Decidió dejar allí a su familia para buscar una vida mejor en Europa. Cruzó fronteras a pie, se gastó todo el dinero que la familia había ahorrado y se jugó la vida en un destartalado cayuco para llegar a Canarias, a la "Tierra Prometida", a nuestro país. Pero lo que se encontró aquí no se parecía en nada a lo que había oído y soñado tantas veces. Se encontró con una realidad muy diferente: tratos inhumanos, situaciones racistas y xenófobas, desprecios, insultos... abandono social.

          Nosotros solo vemos y oímos la última parte de la historia de Said y de tantos otros inmigrantes que llegan a nuestras fronteras de manera masiva. No nos damos cuenta de lo que hay más allá. Detrás de esa mirada hay un drama, una tragedia, un horror que no se puede esconder en la memoria. Y estamos tan acostumbrados a esas llegadas masivas que ya no nos asombra, nos da igual, con mirar hacia otro lado tenemos bastante. Nos mostramos de manera indiferente e indolente ante la realidad de estas personas, ante el dolor ajeno. ¿Dónde hemos dejado nuestra capacidad de empatía?

          Los medios de comunicación se empeñan en presentarnos estas noticias de una manera negativa y esa representación de la noticia nos afecta inconscientemente haciendo que veamos a la inmigración como un problema. No pierden el tiempo en mostrarnos la realidad, el porqué de estas llegadas masivas, qué ocurre, qué drama se encierra en estos países tan lejanos para nosotros.

          En África ha habido, y sigue habiendo, muchas guerras, muchos conflictos armados, muchas masacres, muchos niños indefensos huérfanos, muchas familias desmembradas... y muchas vendas anudadas aún en los ojos de los principales representantes de Comunidad Internacional.

          Y mientras hombres, mujeres y niños yacen en el fondo del océano junto a sus sueños de libertad, los dirigentes políticos de allí se llenan a mansalva sus bolsillos con las riquezas del país a costa del pueblo, y los de aquí se empeñan en redactar leyes y leyes, en las que los derechos humanos escasean, para frenar a los inmigrantes.

          A Said lo veía en el paseo marítimo cada tarde vendiendo gafas de sol para sacar unos cuantos euros con los que poder comer al día siguiente. Siempre con su sonrisa. Un día le pregunté que de dónde era y no tuvo problema para contarme su historia. Algunas veces, decía, que podía ahorrar un poco para enviárle algo de dinero a su madre y a su hermano que perdió la pierna por culpa de una infección. Me contó que lo peor era el profundo desarraigo, el sentir que no se pertenece a ninguna bandera, y la frustración, el saber que había perdido.

         Por mis venas corre como el veneno la indignación y la impotencia cuando oigo testimonios como los de Said o cuando tengo que escuchar que la policía los aporrea a veces para que se marchen de la zona o cuando escucho en las noticias que no se le ha prestado la ayuda necesaria a un grupo de personas que llegaban a nuestras costas o a las costas vecinas y cuya embarcación zozobraba o cuando escucho a gente inhumana con altas dosis de xenofobia y racismo soltar burradas como que "ellos se lo han buscado", "eso les está muy bien por venir", "los negros lo aguantan todo"..."lo que tienen que hacer es irse a su país". ¡Ay, amigo!, ese es el problema, su país. En su país simplemente no pueden vivir, así de sencillo y así de duro. Se mueren de hambre, de sed, de enfermedades que aquí son facilmente curables o de un balazo en la cabeza.

          Tenemos bastantes referencias de que España ha sido históricamente uno de los países que más ha emigrado. También sabemos que nosotros nos marchábamos con nuestros documentos en regla, con un permiso, con un visado, e incluso con un contrato de trabajo debajo del brazo. De lo que no somos conscientes es de que los inmigrantes ilegales que llegan a Europa, personas como Said que lo único que buscan es una vida digna, si pudieran venir de esa manera, lo harían, pero no pueden solicitar visados ni permisos para viajar porque la mayoría de los gobernantes de estos países están demasiado ocupados en permanecer en el poder a toda costa o en llenarse los bolsillos.

          No basta con rellenar folios y folios con leyes que lo único que hacen es impedir que estas gentes pongan un pie en nuestro país con medidas tan poco efectivas como absurdas e inhumanas como es el FRONTEX. La solución no es esa, la solución no está en esta parte de la frontera ni en la del otro lado, la solución tiene que traspasar fronteras y no es precisamente la externalización de las mismas. No, la solución hay que buscarla en el origen, en la raíz del problema. La raíz está en los países de origen de estos hombres, mujeres y niños. La solución está, entre otras cosas, en errradicar las mentalidades autoritarias y dictatoriales de gobernantes y dirigentes políticos ciegos por la codicia y la hegemonía del poder.

          Quizá, si mirásemos con otros ojos a estas personas, si nos fijásemos en sus miradas, podríamos llegar a comprender qué hay más allá, qué es eso tan tremendo que les hace jugarse la vida atravesando insondables desiertos y mares o saltarse ingentes vallas para llegar a Europa. 

          Said ya no está en nuestro país, la petición de asilo fue admitida a tramite pero finalmente no fue concedida alegando como causa el fin de la guerra en Costa de Marfil. Said fue expulsado a un país donde la violencia derivada de los conflictos armados aún está vigente y donde, desgraciadamente, él y su familia siguen corriendo peligro por motivos étnicos.


6 comentarios:

  1. Se me ha erizado la piel!, mi enhorabuena amiga!!!!!

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    1. Es la realidad de muchas personas.
      Gracias por el comentario, Mercedes!

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  2. Puri , lo que escribes es un puro retrato de la realidad, todos sabemos de las miserias, penurias y desgracias que sufren millones de personas en el mundo, pero poco hacemos por solucionarlas. Gracias por ayudarme a recordar una vez más lo afortunada que soy por tener para comer, para ir al cine, para comprarme un libro, para ir al médico cuando lo necesito, para comprarme unas zapatillas de deporte.. ¡ojalá esos millones de personas , al menos tuvieran para comer un trozo de pan.!

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    1. Gracias, Reme por entrar en el blog y comentar. La verdad es que estas personas tienen una historia detràs muy trágica. La pobreza que hay en esos países es extrema y las injusticias están a la orden del día.

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  3. El ser humano es el único animal que ha creado fronteras para, como el lobo, marcar sus dominios. Pero no unos dominios para confraternizar, sino para aislar. Y la mayor parte de las veces, para medrar en beneficio propio y a costa de otros. España es un buen ejemplo de ello en estos momentos.

    Said es, lamentablemente, el inmigrante que huye hacia adelante para sentirse persona. El título más alto al que puede aspirar todo aquél que se siente parte integrante de éste mundo cada vez más absurdo y cruel. Y huye de la adversidad afrontando otras en la confianza inalterable, pese a todo, en el ser humano. Pobre!! No sabe que los países que lo rechazan son más pobres que él, porque no tienen ilusión ni esperanza en sí mismos. Han perdido sus valores, esos que Said intuye que existen. Y piensa que más allá de las fronteras de su podrido y corrupto país, se respetan como el más preciado tesoro. Iluso!!

    Said es nuestro espejo. En el que nos negamos a vernos. Con su sonrisa nos muestra nuestras bajezas. Y con su lucha, la falta de la nuestra.

    Y probablemente nunca le demos una oportunidad en ninguna parte, porque nunca nos la hemos sabido dar a nosotros mismos.

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    1. La migración forma parte de la historia del ser humano. Es lo que favorece la diversidad. Las fronteras como bien dices las ha creado el hombre "moderno" y con ello lo único que sé consigue es el aislamiento. Estas personas que llegan a nuestro país o a Italia vienen huyendo del hambre, de la miseria, de la muerte. Eso no se conoce, miramos hacia otro lado. Y luego están las leyes para impedir que personas como Said puedan vivir dignamente. No sé consigue con estas cosas porque van a volver a intentarlo, van a volver a cruzar el océano y a volver a dejar la vida en el intento. Hay que mirar más lejos y llegar a la raíz que está en esos países y atajar el problema allí.

      Te agradezco que hayas entrado en el blog y hayas comentado.
      Saludos!

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