26 julio 2013

La fuerza de un beso



Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos.
Poema V, Cátulo


Ya lo decía el gran poeta romano, Cayo Valerio Cátulo, "Dame mil besos". Y es que el beso es ese acto placentero que está presente en nuestras vidas desde que nacemos.  El beso es algo complejo pero del que se ha dicho y escrito mucho, se ha pintado, se ha fotografiado, se ha esculpido y se ha representado de mil formas, con mil colores y en mil texturas.

El beso es instintivo. Su origen no está muy claro. Hay muchas leyendas --unas más novelescas y fabulosas que otras-- y otras tantas teorías científicas. Una de ellas, la más realista por su carácter evolutivo, es la que parte de la premisa de que el beso, tal y como lo conocemos ahora, deriva de un gesto o un saludo que se hacía en la antigüedad y que consistía en aproximar las narices y olerse. Desde el punto de vista bilógico, muchas especies animales, como los primates y muchas aves, unen sus labios o sus picos para pasarse el alimento, es su forma de alimentar a las crías. Los chimpancés también se comunican y se identifican uniendo sus labios.  

Los labios son una zona sensitiva con muchas terminaciones nerviosas. Muchas especies los usan para reconocimiento del entorno, gracias a la transmisión de impulsos eléctricos de las terminaciones nerviosas que poseen. Es gracias a estas terminaciones nerviosas que besar --y ser besado-- produce placer.
 El beso es algo muy complejo, tanto que existe incluso una ciencia que estudia su origen, sus elementos, sus características... Se trata de la Filematología.

El beso no siempre está asociado al sexo. El primer beso que recibimos es el de nuestra madre, al nacer. Hay tantos tipos de besos:



Sea como fuere, besar (y existe una amplia documentación científica sobre ello) produce muchos beneficios tanto al receptor como al emisor del beso.
En primer lugar un beso es símbolo de cariño. Con él estamos diciendo tantas cosas que no nos atrevemos a decir o bien que no sabemos cómo expresar: "te quiero", "te protejo", "estoy contigo", "te deseo", "te necesito", "te amo"... Al besar no solo unimos labios con labios o labios con piel, también tocamos, abrazamos, mantenemos un contacto físico que intensifica todas las sensaciones de bienestar y placer que nos produce un beso.
Un beso desencadena toda una serie de reacciones bioquímicas en nuestro cuerpo. Nuestro cerebro da la orden para que se produzcan ciertas sustancias hormonales en elevada cantidad. Las más importantes son la oxitocina, conocida como la hormona del amor y el enamoramiento; la dopamina y la serotonina (tanto monta, monta tanto), la primera es un neurotransmisor responsable del placer y el gozo (aunque también del dolor) y la segunda del control de ese gozo, del control de las emociones; y por último, la adrenalina, hormona que es la causante de que se nos acelere el corazón más de la cuenta, es decir, del aumento de la frecuencia cardíaca.

El beso ha inspirado a artistas, escritores, poetas, escultores, pintores, fotógrafos, músicos...

Si sabes del placer no ahorres el beso
que el gozo de amar no entraña mesura.
Déjate besar, y besa tú después
que siempre en los labios el amor perdura.
....

¿Qué habrías hecho si mueres antes
sin otro fruto que la brisa en tu mejilla?
Déjate besar, y en el pecho, en las manos,
amante o amada –la copa bien alta.
“Maestro de amor”, Joan Salvat-Papasseit





Hay besos de película como el que se dieron Noa y Allie en Diario de una pasión.








Hay besos que hicieron a sus autores famosos anónimos y que han recorrido el mundo en una instantánea. Es el caso de la fotografía El beso de L`Hôtel de Ville, de Doisneau (1950).








 


Otros quedaron inmortalizados en un lienzo como el famoso beso de Klimt (1907).





O en bloques de piedra o mármol, como El beso, de Rodín (1886).

















 No hay escusas para no besar y no ser besado, como vemos son muchos los beneficios. Pero si aún te faltan razones para no levantarte y besar a la persona que tienes al lado, ya sea amigo/a, vecino/a, madre/padre, hermano/a, amante, esposo/a, hijo/a... aquí unas cuantas razones más:
  • Ejercitas unos 34 o 36 músculos, el más importante es el Ordicularis oris.
  • Adelgazas: por cada beso se queman una 26 calorías.
  • Aumenta la salivación, eliminando más bacterias y toxinas.
  • Disminuyen los niveles de cortisol y disminuye el estres.

"El beso...movimiento delicioso que la naturaleza ha inventado para cerrar las charlas cuando las palabras se vuelven inútiles"
Ingrid Bergman



 ¡Feliz verano! ¡Hasta septiembre! Y... ¡Qué no falten los besos en tu vida!


09 julio 2013

Me inventaste una noche...



      
Imagen desrealización (Google)
       
         Me inventaste una noche entre lágrimas secas de un amor maldito…

         Inventaste mis manos, suave tacto que te dolía en una piel adormecida por el tiempo, por la escasez de ternura… por la malquerencia.

          Inventaste mi boca junto a la tuya, y con mi aliento te abrigaste, calor de mis entrañas que calmaba el frío que de tu alma emanaba.

          Inventaste mi aroma, perfume de mil jazmines que te hacían olvidar que un día te dejaste morir, que un día no hubo día… ni noche.

          Inventaste mi risa, regalo homérico que te llevaba a la locura de la dicha, a sentirte la persona con más suerte en el mundo.

          Me inventaste la noche en la que tu esperanza moría en la orilla del mar…

          Inventaste mis sueños para soñar con ellos, para meterte dentro y soñar que te amaba, para inventar las historias con las que te llenabas de mí… con las que lograbas dormir.

          Inventaste mis ojos y su mirada, mis brazos y sus abrazos, mi voz y su música. Dulce voz, serena y confiada como las palabras que te inventaste, con las que jugabas a construir tu mundo… y el mío.

          Me inventaste una noche de desvelo e incuria...

           Te resarciste en mi vida, brincaste con mi fuerza, te enredaste en mi pelo, me apresaste con furia y me usurpaste el alma que tú mismo creaste.

          Me inventaste una noche… para dejarme morir antes de nacer.



03 julio 2013

Nelson Mandela



          

     
       Nelson Mandela se encuentra ingresado desde el 8 de junio en el hospital Medi Clinic de Pretoria aquejado de una dolencia respiratoria que viene arrastrando desde hace años. Su verdadero estado de salud se ha convertido en motivo de tertulias, disputas, cotorreos, reuniones clandestinas… Nadie conoce en realidad la gravedad de su situación. No hay claridad en los partes médicos ni familiares.

          
          En el pueblo donde el Premio Nobel de la Paz se crio, en Qunu, es tabú hablar del tema. No tanto de Mandela como de su muerte. Las costumbres africanas, y sobre todo las de la etnia xhosa a la que pertenece Mandela y su familia—, prohíben hablar de la muerte de una persona mientras aún siga con vida.


          Se oyen voces —como las del prestigioso periódico sudafricano Sunday Timesque aseguran que Mandela está más muerto que vivo y que si sigue respirando es gracias a un respirador artificial. Y se basan en otra de las costumbres del pueblo africano, la de estar en paz con el mundo de los que han muerto antes, con los antepasados. Mandela tiene tres hijos fallecidos que deben ser trasladados desde donde ahora están enterrados (Mvezo) hasta Qunu. Mandla, un nieto de Mandela y su sucesor como Jefe de la Tribu, trasladó los cuerpos en 2011 desde Qunu a Mvezo. Parece ser que se deben volver a trasladarse a Qunu —localidad donde Mandela desea ser enterrado—. De no ser así, Mandela no alcanzará el descanso y la paz con sus ancestros y los viejos del clan familiar de Mandela “no le dejarán morir”. Pues bien, este traslado ya se ha ordenado por vía judicial, por lo que Mandela ya tiene donde descansar en paz.


          Pero dejando a un lado toda esta controversia, digna de la mejor trama de una novela de intrigas, lo importante es la persona de Mandela, el ser humano, el padre —“Tata”, como le llaman muchos ciudadanos sudafricanos— de la lucha contra el apartheid.


          El término ya causa pavor. Apartheid, significa separación en africáans (legua germánica, criolla del neerlandés). Seguro que a todos nos viene a la cabeza al pronunciarlo otras palabras con significado similar como segregación racial, división de razas, xenofobia, racismo,…, discriminación. En Sudáfrica existió hasta hace poco finales del siglo XX (el año 1994 fue el primero en el que la población negra ejerció su derecho al sufragio) todo un régimen de segregación racial de iure, con leyes discriminatorias que abarcaban todos los ámbitos de la sociedad. A este sistema se le conoce como apartheid.


          Si bien Martin Luter King fue el padre de la lucha contra la discriminación racial en América, Mandela lo es en África. Ha luchado de manera “gandiana” por las libertades y mientras le quede un hálito de vida lo seguirá haciendo.


          La mayoría negra de Sudáfrica ha estado ampliamente oprimida por la minoría blanca. En 1948 el Partido Nacionalista, constituido por blancos afrikáner (de origen holandés), emitió las leyes de la segregación racial. Leyes monstruosas e inhumanas, escritas desde la absurda hegemonía heredada del color de piel por hombres igualmente absurdos, inhumanos y monstruosos.


          Entre otras cosas:

·         Estaba prohibido el matrimonio interracial.

·         Se instauró un registro obligatorio de razas.

·         Se establecieron zonas segregadas para blancos y negros en playas, cines, autobuses, escuelas.

·         Se prohibió a los negros vivir en ciertas zonas específicas para blancos e incluso se les expulsó y se les crearon, para ellos, estados independientes, conocidos como “bantustanes”.


          Comenzaron entonces a surgir partidos de lucha debido al incremento de la discriminación, tal es el caso del grupo que lideró Nelson Mandela, el ANC (Congreso Nacional Africano). En 1963, el Premio de la Paz fue detenido, junto a otros dirigentes políticos, y condenado por traición a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, la mayor parte de los cuales los pasó en Robben Island (Ciudad del Cabo) en condiciones lamentables. Fue allí donde comenzaron sus problemas de salud a raíz de una infección pulmonar.


          En 1989 comenzaron a darse los primeros pasos a favor de la exterminación del apartheid. Fue Frederik de Klerk quien, después de asumir el cargo de presidente de Sudáfrica, comenzó a abolir las leyes segregacionistas y liberó a Mandela de la cárcel. En 1993, ambos, de Klerk y Mandela, compartieron el Premio Nobel de la Paz, y no fue hasta 1994 cuando, en las elecciones a la presidencia de Sudáfrica salió vencedor Nelson Mandela, convirtiéndose así en el primer presidente negro del país. En estas votaciones pudo votar, por fin, la población negra.


          Nelson Mandela luchó siempre por las libertades y por los derechos humanos. No consintió —ni consentirá mientras esté vivo— ningún tipo de opresión, ni entre negros ni entre blancos. Ya lo dijo él mismo en una de las declaraciones mientras estuvo encarcelado:


«He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros. He deseado una democracia ideal y una sociedad libre en la que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal con el cual quiero vivir y lograr, pero si fuese necesario, también sería un ideal por el cual estoy dispuesto a morir»


Nelson Mandela, de 94 años de edad, sigue hospitalizado y según parece en estado crítico. Pero no está solo y no morirá solo. Es una persona muy querida dentro y fuera de su país. La muestra la tenemos a las puertas del hospital donde miles de ciudadanos y simpatizantes rezan por Mandela y le rinden homenajes en apoyo y gratitud por su lucha en contra del régimen racista del apartheid.


Mandela morirá pero nos deja un incalculable legado: libertad, democracia e igualdad, no solo para Sudáfrica sino también para el mundo entero.



«Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre»
                                                                                -Nelson Mandela-