01 septiembre 2014

De esperanza y miel


“Como el pasado que vuelve, nuevas historias surgen de otras viejas y rancias y dan vueltas y vueltas en la cabeza del escritor hasta que logran posarse en su lecho de tinta y papel. De pronto, esa historia que llama a la puerta se hace realidad, y sientes la necesidad de contarlo con palabras de esperanza y miel…”

 

Que le vamos a hacer, soy una romántica empedernida y siempre creí en ellas, en esas nuevas oportunidades que te ofrece la vida para ser feliz, sin condicionamientos de ningún tipo, y así lo reflejo en mis libros. Lo que aún me cuesta aceptar es que cinco años después de poner el punto y final a aquel primer libro me encontrase por sorpresa a la protagonista de la historia. Quién me iba a decir a mí que aquello que mi imaginación me dictó hace unos cinco años se iba a hacer realidad en parte, en esa parte en la que la vida te da una segunda oportunidad.

No, si ya sé que es una historia corriente, que no tiene nada de ficción, que es más real que la vida misma… ¡Ay, pero la belleza que atesora una historia de amor que empieza cuando crees que para ti todo ha acabado ya es sublime! Es el reencuentro con el Amor —sí, en mayúsculas—, el renacer de un sentimiento olvidado…, o como la misma protagonista me dijo: “es volver a sentir que tienes un corazón en el pecho que te late”. La miré a los ojos y, sin pretender ahondar más en la historia de lo que ella me quisiera contar, escuché en silencio y emocionada aquellas palabras que hablaban de la pureza de algo nuevo que estaba surgiendo, de un nuevo camino que pretendía ser destino a la vez, de la belleza de lo que ya había sucedido y de unos pocos miedos también. Pude notar su alegría, su ilusión y esa ternura con la que sentí la necesidad —como digo en el primer párrafo— de contarlo con palabras de esperanza y miel.

«No me importa contártelo —me desveló finalmente— aun sabiendo que eres escritora, esta historia no la podrás escribir porque ya la has escrito, con otros nombres, en otro lugar y de otra forma, pero en el fondo es la misma. Ya me la leí, pero muchas veces vuelvo a ella porque ahí me veo yo reflejada y quiero que mi historia termine como hace cinco años tú terminaste la que narras en el libro».

Unas últimas palabras que me emocionaron de tal forma que apenas pude decir nada más que agradecerle el hecho de que abriera su corazón ante mí, pero que ahora, cuando las emociones se asientan por el paso del tiempo, le contesto con la continuación del primer párrafo:

 

“…Esperanza y miel que te sacuden el alma de futuro y dulzura, es entonces cuando tienes la certeza de que esa historia ya se está haciendo realidad”.

¡Te deseo toda la felicidada del mundo, amiga!

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