24 abril 2014

Marrakech y la fachada atlántica. Etapa 4: Asilah



La mañana del miércoles 16 todos nos levantamos muy temprano y con la angustiosa sensación de que el viaje se acababa. Desayunamos en el hotel, más en silencio que otros días, y nos marchamos rumbo a nuestra última ciudad marroquí por visitar, Asilah.
Nos esperaban más de 500 km que, aunque la mayoría fueron por autovía, no dejaron de ser pesados debido al cansancio acumulado y a la melancolía de dejarnos atrás una Marrakech exótica que, al menos a mí, me sorprendió gratamente.


Asilah es una bella ciudad del norte de África. Está situada a tan sólo 50 km de Tánger y a 100 de Ceuta, por lo que si sois del sur no tenéis excusas para no ir a hacerle una vista. De verdad, merece la pena pasar al menos allí un fin de semana alejados del bullicio y el estrés con el que vivimos a diario.
Asilah tiene una profunda historia de conquistas y reconquistas en la que nos encontramos a los fenicios, a los cartagineses, a los griegos, a los romanos y, por supuesto, a los portugueses, españoles y árabes. En tiempos de los fenicios se llamaba Zilis. En el año 712 fue conquistada por los árabes pasando entonces a llamarse Asilah. En el s. XV, como ocurrió con otras ciudades de la costa atlántica marroquí, Asilah fue tomada por los portugueses. Después de morir el rey de Portugal pasó a manos españolas y fue bautizada como Arcila. A finales del s. XVII volvió a ser reconquistada por los árabes.
En la ciudad quedan números restos portugueses que no fueron destruidos como torreones o la muralla que rodea a la Medina. 


Hoy en día es una ciudad turística con un encanto especial por sus bellas playas, su tranquilidad y sus increíbles atardeceres.
A Asilah llegamos sobre las 6:00-6:30 p.m. del miércoles 16 de abril, después de muchas horas de autobús y un picnic por el camino en el que no faltaron ni el vino ni las risas (para no variar).


Antes de cenar dimos una vuelta por la Medina que está cerca del mar. La Medina de Asilah es completamente diferente a todas las que he podido ver con anterioridad en Marruecos. La paz, el orden y la limpieza son las tres características más importantes con las que podría definirla, además de su singular belleza.
 

Las calles están empedradas y las viviendas encaladas con un zócalo pintado de azul intenso al igual que los postigos de las ventanas. Un aspecto semejante a algunos pueblos de Las Alpujarras granadinas.
No había una gran concentración de comercios (al menos en el interior de la Medina) y los que había prácticamente me pasaron desapercibidos porque mi vista se perdía en las fachadas y tejados de las casas.



Paseamos durante un buen rato por sus calles, tranquilamente, sin prisa, el ambiente era idóneo para ello. Cerca de la muralla que hay junto al mar, unas escalinatas nos condujeron hacia una especie de saliente o balcón de piedra donde la belleza de la playa a la derecha, de los acantilados a la izquierda y del sol que comenzaba a despedirse, nos hizo detenernos en aquel lugar a pesar del fuerte viento que soplaba.


Aquella explanada de piedra comenzó a llenarse poco a poco de hombres, mujeres y niños de todas las razas, religión y procedencia. Un paisaje perfecto para mí porque (no lo puedo remediar, ¡qué le vamos a hacer!) me gusta observar a la gente, estudiar su comportamiento, sus expresiones, su interacción con los demás y luego me invento sus posibles vidas (a veces pienso que en lugar de Biología tenía que haber estudiado Sociología). Pues bien, a mi alrededor pude ver europeos, negros, asiáticos, árabes..., mujeres con velo, otras con burka, otras con el pelo al aire, fotógrafos por doquier, parejas de la mano, grupos.., y me pareció que estábamos unidos todos en ese instante,  que no son tantas las diferencias entre nosotros. En ese momento todos los allí presentes estábamos esperando impacientes para poder ver un espectáculo de la naturaleza: la inigualable puesta de sol en Asilah. 


Apenas tengo palabras para describir lo que vi, sólo se me ocurre una: magia. El lugar, los sonidos, el olor a mar, la mezcla de culturas, la compañía..., todo contribuyó para hacer de aquel atardecer algo mágico. Fue así como lo viví y es así como lo describo.
El sol se escondió en el horizonte y un suspiro generalizado nos devolvió a la realidad. Bueno, un suspiro y el hambre que a esas horas ya nos pinchaba en el estómago. Nos fuimos a comer pescado fresco al Restaurante El Espigón.
 

Fue allí donde dejamos escrita (de manera simbólica), y para que conste donde tenga que constar, nuestra intención y deseo de volver el año próximo a Marruecos. 
A la mañana siguiente emprendimos el camino hacia el puerto de Tánger-Med, cansados y con morriña pero con un buen sabor de boca, sin duda.


No puedo cerrar estas entradas sin dar las gracias a Salvador Hernández Armenteros, profesor del Dpto. de Teoría e Historia Económica de la Universidad de Granada, por organizar estos viajes y ponerlos en nuestro conocimiento. Gracias también a todos/as mis compañeros/as de viaje, me llevo vuestra amistad y unos bonitos recuerdos.
Y por supuesto, gracias a todos los lectores y seguidores del Blog por acompañarme en mi aventura por Marruecos. 

Feliz día!

21 abril 2014

Marrakech y la fachada atlántica. Etapa 3: Marrakech


De Essaouira a Marrakech hay unos 160 km de carretera en buen estado. El paisaje que nos vamos encontrando es diverso pero siempre árido. Vimos algunos cultivos de olivos y, sobre todo, el bello árbol del argán, de cuyos frutos se obtiene un aceite para fabricar productos de cosmética y alimentación. 
De Essaouira salimos el domingo 13 de abril, después de comer, por lo que se nos hizo de noche por el camino. Las luces del atardecer pintaron el paisaje con tonos ocres y anaranjados adelantándonos los colores típicos de Marrakech. No en vano la llaman la "ciudad roja": los edificios están pintados de color rojo-mostaza. Durante nuestro camino hacia Marrakech pudimos apreciar a la derecha cómo se recortaban las cimas nevadas del Gran Átlas.


Marrakech fue fundada por los almorávides (1070). Es una ciudad hecha por los designios del rey (como Granada). Conectaba el Sudán con el Mediterráneo en el comercio de negros, oro y especias, por lo que se trataba fundamentalmente de una ciudad "carabanera". 
A Marrakech llegamos ya de noche. Nos alojamos en el hotel Riad Mogador Gueill, de estilo morisco. Dejamos las maletas, nos dimos una ducha y nos tiramos a la calle. Nuestro objetivo era ver la plaza de la Jemaa El Fna de noche que es cuando está en todo su apogeo. 
Marrakech es una ciudad de estilo occidental con grandes avenidas y altos edificios modernos. De camino a la plaza de la Jemaa pasamos por la Torre de la Koutoubia que en ese momento estaba iluminada, recordándome a la Giralda de Sevilla y es que precisamente esa torre sirvió como modelo para construir la andaluza. La única diferencia entre ambas es que la Giralda tiene en la cima el giraldillo en lugar de las cuatro bolas doradas y de tamaño decreciente (símbolo musulmán) de la Koutouibia. León el Africano hacía alusión al ambiente mágico que existía en torno a las bolas del alminar o minarete. Si no habéis leído sus escritos sobre el norte de África, os los recomiendo porque no tienen desperdicio.
No tengo palabras para describir lo que sentí  cuando llegamos a la plaza de la Jemaa. El bullicio era impresionante, ruidos, luces, humos, algarabía... Una plaza con vida propia. 


La plaza era un hervidero de puestos de pinchitos, cuscus, sopas, tagines..., y la típica cabeza de vaca cocida entera en grandes ollas; puestos móviles de dulces y de zumos naturales de naranja y pomelo; contadores de historias, encantadores de serpiertes, bailarines del Sahara, mujeres tapadas completamente con el burka ofreciéndose como expertas tatuadoras de henna, y mil expectáculos más, en los que si te acercabas ( y eres mujer) corrías el riesgo de que te tocarán el trasero con mucho disimulo.
Subimos a la terraza de uno de los restaurantes de la plaza con la intención de cenar, pero no había sitio suficiente. Aprovechamos el momento para sacar algunas fotos de toda la plaza. Las vistas eran impresionantes desde allí arriba. 


Decidimos entonces introducirnos en el Marruecos  profundo (nuestro viaje se caracterizaba precisamente por eso, por visitar y descubrir zonas diferentes a las que un turista convencional iría) y cenamos  pinchitos y cuscus en uno de los puestos ambulantes de la plaza, aun a riesgo de una colitis. La verdad es que a nadie le sentó mal la cena por lo que al día siguiente tuvimos la osadía de repetir.
Los puestos tenían un número, en el que nosotros cenamos era el número uno, un tal Chez Aicha, tenía carteles colgados con el símbolo de Trip Advisor, haciendo un juego de palabras con el n.1 (número del puesto) y dicha recomendación, por lo que parecía a primera vista que era n. 1 en Trip Advisor (algo impensable). 


La comida no estaba mal pero el aspecto viejo de las mesas, cubiertos, e incluso la carta misma que parecía andar sola de comensal en comensal de la pátina que tenía (no de betún sino de roña), dejaban mucho que desear, así que ahora pienso que tuvimos más valor que El Alcoyano al sentarnos a cenar allí. 


Al día siguiente, el lunes 14 de abril, después de dormir tan solo unas tres o cuatro horas (algunos y algunas nos quedábamos charlando junto a las piscinas y/o jardines de los hoteles), nos levantamos temprano para visitar La Menara, grandes albercas construidas por los almohades para abastecer de agua la ciudad y los huertos. 


Allí tuvimos ocasión de comenzar a saborear el intenso calor que nos esperaba durante el día, y también para escuchar de boca de Salvador Hernández algunas curiosidades del principal sultán que residió allí, Sidi Mohammed, según se cuenta arrojaba a la concubina a la alberca después de su encuentro amoroso. 
Después de La Menara nos acercamos hasta la Torre de la Koutoubia. Si de noche es impresionante de día lo es más. 


No pudimos entrar porque el acceso está prohibido para los que no somos musulmanes (una pena, pero es así). La Torre de la Koutoubia pertenece a una Mezquita construida en el s. XII por los almohades. Pronto se instalaron a su alrededor mercaderes de manuscritos y la mezquita tomó el nombre de Koutoubia que significa mezquita de los libreros (en árabe, kutub=libro) hay mucha vida alrededor de la mezquita. Lo que más me llamó la atención fueron los aguadores, hombres vestidos de rojo, con un sombreo ancho con borlas que vendían agua que llevaban en una especie de bolsa de piel. (Los guías nos advirtieron que esa agua ni probarla).
También visitamos la Medersa de Ben Yusuf, junto a la mezquita. Su arte es similar al nazarita granadino, por lo que en determinados momentos me dio la impresión de estar paseando por el interior de los Palacios de la Alhambra. 


El almuerzo lo hicimos en el interior de la Medina, en un restaurante con un encanto especial conocido como Le Jardin. Quién hubiera dicho que detrás de aquella fachada sucia y descascarillada nos íbamos a encontrar aquel lujo, era como un oasis repleto de altas palmeras, naranjos y otras especies de árboles, alrededor del cual se disponían las mesas. 


Y tampoco nos hubiéramos creído nunca que allí nos encontraríamos a la infanta Cristina y a su marido Iñaki Urdangarín, pero fue así. No tenemos muestra gráfica porque rápidamente se encargaron los guardaespaldas de que así fuese. 
El martes 15 de abril fue un día dedicado casi por completo a la Medina y sus zocos, por la que nos perdimos en más de una ocasión (algo que también tuvo su toque "mágico"). Antes de adentraremos en la Medina visitamos un par de sitios interesantes: 
El cementerio musulmán (en el que tampoco pudimos entrar ni nos permitieron fotografiar),situado  junto al palacio del rey. 
Las Tumbas saadíes de gran interés arquitectónico. El recinto interior de tumbas no se puede pisar pero se puede ver y hacer fotos sin problemas desde la entrada. 


El exterior es un rico jardín donde destacan los Rosales y cuyo frescor agradecimos. 


Perderse por las callejuelas de la 
Medina de Marrakech tiene su encanto, con sus grandes zocos: las curtiderias con ese olor tan especial, el zoco de los forjadores, el de la madera, el de las telas y los puestos donde lo reciclan todo, hasta las dentaduras.


Si quieres comprar algo no te olvides de regatear el precio. A mi me parece un incordio pero hay que hacerlo. Se puede pagar en euros pero es mejor pagar en dirhans para que salga más beneficioso el cambio (hay locales de cambio en la Medina y en la plaza de la Jemaa). Por la Medina no sólo pasan personas si no también carros cargados de mercancía y tirados por burros, coches y motos con sus impertinentes claxon.
Marrakech tiene su zona de lujo en contraste con la Medina. Allí puedes encontrar hoteles y residenciales de lujo e incluso pubs y discotecas en las que se te olvidará que estás en Marruecos por sus semejanzas con las europeas.
La noche del martes 15 de abril, nuestra última noche de estancia en Marrakech, pudimos disfrutar de la belleza de la luna llena tomándonos un rico mojito en un pub conocido como Comptoir, situado  en pleno centro del barrio rico. 


Espero que os haya gustado esta entrada. 
Nuestro próximo destino será Asilah. No os perdáis el siguiente post. 

18 abril 2014

Marrakech y la fachada atlántica. Etapa 2: Essaouira.


El sábado 12 de abril, después de más de 250 km y muchas horas de autobús, llegamos a Essaouira, ciudad marroquí construida donde rompen todos los vientos.


La carretera de Rabat a Essaouira no es que sea mala pero sí que es peligrosa en el sentido de que la gente pasa por cualquier sitio y cuando oscurece resulta difícil de distinguir a las personas que cruzan por la carretera, por lo que hay peligro de atropellar a alguien.
 

Antes de llegar a Essaouira paramos en otras ciudades costeras: Casablanca, Azemmour y El-Jadida. Intentaré describir lo más importante de cada una de ellas.

Casablanca está a 80 km de Rabat, es la capital administrativa. Es la ciudad más poblada de todo Marruecos, con unos 5 millones de habitantes. Ha crecido mucho en poco tiempo y esto ha tenido sus repercusiones en la estructura y apariencia de la ciudad.


Hay zonas muy pobres y otras tantas de lujo, unas enfrente de las otras, coexistiendo con normalidad. Ese tipo de contrastes me llamó mucho la atención.

De Casablanca destaca la Mezquita de Hassan II.  Es relativamente reciente (1993), y esta construida cerca del mar.
Su minarete es muy alto, más de 200 m.

 

Es una construcción impresionante, de una gran belleza y riqueza de adornos y detalles. Sus yeserías y encofrados me recordaron, como no podía ser de otra forma, a La Alhambra y a la mezquita de Córdoba. En la parte inferior de la Mezquita está el hamman que ahora ya no se usa.




Como decía antes, Casablanca es también una ciudad de contrastes y coexisten zonas muy pobres y vetustas como es la antigua Medina, con otras más ricas y lujosas como es el barrio de Anfa, repleto de casas de lujo, hoteles, restaurantes, discotecas... 
En esta foto se puede apreciar el contraste entre el lujo de la Medina de Hassan II con el abandono y la suciedad de la caseta del policía que había en el borde de la carretera.




Azemmour es otra ciudad Atlántica de dominio portugués hasta siglo XVI, del que quedan restos de murallas en el centro histórico de la ciudad. Es una ciudad de casas blancas que te recibe con sus minaretes en alto. El río Oum Er-Ribia pasa por delante hasta su desembocadura en la playa.





El-Jadida se llamaba Mazagán durante la dominación portuguesa. Es una ciudad pequeńa costera donde nacieron dos importantes escritores marroquíes: Driss Chraïbi y Abdelkebir Khatibi. En este pueblo cercano a Essaouira paramos para tomarnos un te y charlar con sus gentes que, como veis en la foto, son muy simpáticos y hospitalarios.





A Essaouira llegamos ya de noche. Cenamos en el hotel a base de crema de calabaza y zanahoria, tagine de pescado y fruta fresca. Era la primera vez que probaba el tagine de pescado y me gustó bastante. Por la mañana fuimos a visitar el nuevo paseo marítimo junto a una inmensa y limpia playa en la que  había varios dromedarios.





La Medina de Essaouira es diferente a todas las demás por lo bien trazada que está, como las calles europeas, algo que no es característica de las ciudades antiguas marroquíes.

Esta Medina no es muy grande pero tiene mucha vida y un gran encanto. Sólo hay que relajarse y dejarse llevar. La artesanía de madera y la elaboracion de productos del argan son importantes, pero la pesca es a lo que más se dedican sus habitantes. También podéis comprar especias por unos cuantos dirhans para hacer buenos tagines y cus cus, como estoy haciendo yo aquí.




En Essaouira,  Orson Welles rodó parte de la película "Otelo". Hay incluso una calle en la Medina que lleva su nombre.
Tengo que decir que está ciudad me ha fascinado por sus blancas casas y sus minaretes en alto y, sobre todo, por los cientos de gaviotas que sobrevuelan la playa y los barcos de los pescadores donde los olores son intensos pero no desagradables.





Espero que os hayan gustado estos lugares y os reemplazo al siguiente post en el que hablaré de Marrakech que fue nuestro siguiente destino.

11 abril 2014

Marrakech y la fachada atlántica. Etapa 1: Rabat

¡Por fin llegamos a Rabat! 


En el momento en que escribo este post son las 11:00 p.m. (hora local), las 12:00 p.m en España. Llevo más de 40 horas despierta y muchas horas de espera en frontera por los trámites de los pasaportes y la parsimonia de los policías alauítas, pero ha merecido la pena.
Rabat es la capital política de Marruecos, es una ciudad costera, situada a la orilla y desembocadura del río Bu Regreb. Es la segunda ciudad más grande después de Casablanca. 


En esta ciudad se alojan los reyes (vivos y muertos). Aquí está el mausoleo de Mohamed V, donde están enterrados el abuelo (Mohamed V) y el padre (Hassan II) del actual rey de Marruecos.


Junto a Rabat se encuentra la ciudad de Salé, de fuerte tradición en cuanto a la cultura marroquí, en contraste con Rabat que intenta tomar aires nuevos con poco acierto. En esta foto tengo detrás Salé, al otro lado del río y al fondo la Torre de Hassan.


La Torre de Hassan es lo único que queda del intento de construir la Mezquita más grande de su época.


Tuvimos la suerte de escuchar, en el momento de visitar la Torre de Hassan, la llamada a la oración.
La playa por la noche tiene un encanto especial porque parece como si se hubiera caído el cielo sobre el mar, por la cantidad de luces que lo iluminan procedentes de los barcos de los pescadores.
Lo que más me llama la atención es la mezcla entre lo tradicional y lo moderno.


Mañana salimos para Casablanca y Essaouira muy temprano, así que creo que por hoy ya está bien. 
¡A dormir!

08 abril 2014

Marrakech y la fachada atlántica: un viaje diferente.


Ya lo he comentado en Twitter: ¡¡Estoy preparando una locura!! Y es que me marcho el viernes 11 a Marruecos, allí estaré una semana. El caso es que no se trata de un viaje al uso, ni mucho menos, y por eso os lo cuento. Voy de turista, sí, pero una turista que no se va a quedar en lo superficial sino que va entrar en el corazón de Marruecos, en su historia y en su cultura. Vamos, una aventura en toda regla.
Cada año, y llevan ya haciéndolo unos cuantos, el profesor Salvador Hernández Armenteros del Departamento de Teoría e Historia Económica de la Universidad de Granada, viene preparando una locura de estas, siempre en Marruecos, a través de la empresa Alventus. 
Hace dos años estuvimos en varias ciudades como Fez, Mequinez, Erfoud, la ciudad santa de Xauen... , y en la incomparable Merzouga, al inicio del desierto del Sahara, donde vivimos una auténtica aventura con aquella imprevista tormenta de arena que nos sorprendió encima de un dromedario. 


Creo que aquella experiencia será difícil de superar, pero lo cierto es que este año me he vuelto a apuntar a la locura. Marruecos es un país increíblemente mágico y tiene algo que me atrae, quizá sea sus semejanzas con la Granada medieval o, simplemente, porque es una cultura tan diferente a la nuestra que me llena de curiosidad (ya se sabe que polos opuestos se atraen). Lo cierto es que aquel primer viaje me sirvió para aprender a ver Marruecos con otros ojos y olvidar unos cuantos prejuicios.
En esta ocasión, y siguiendo la pauta de escoger una de las grandes medinas, vamos a ir a Marrakech (entre otras ciudades como Rabat o Casablanca) donde estaremos tres días enteros.
Itinerario: 
1.Granada-Algeciras-Tánger-Rabat
2.Rabat-Essaouira-Casablanca-AlJadida
3.Essaouira-Marrakech
4.Marrakech
5.Marrakech
6.Marrakech-Ashila
7.Ashila-Tánger-Algeciras-Granada
Como digo, no es un viaje al uso, van a ser muchas horas en carretera dentro de un autobús o caminando. Este año no vamos al desierto por lo que no vamos a tener que dormir en jaimas (algo que tuvo también su encanto), 


dormiremos en hoteles que aunque no sean de lujo, seguro que tendrán su anécdota  también. 
Me han prometido que uno de los grandes atractivos del viaje son las hermosas puestas de sol de Essaouira y yo os prometo a vosotros enseñároslas porque me he propuesto escribir un post cada día (o cada dos, según esté la conexión wifi) mostrando los aspectos más singulares de cada lugar por el que pase,  a base de fotos curiosas y alguna que otra palabra. Y lo voy a hacer por eso mismo, porque no es un viaje normal, será una experiencia inolvidable de la sacaré, como hace dos años, la inspiración necesaria para tejer una nueva historia o dos o tres...
Aquí tenéis unas cuantas fotos del viaje de hace dos años.


Resguardándonos de la tormenta de arena que se avecinaba.

Xauen, ciudad santa. ¡Impresionante! Su encanto me inspiró para escribir algún que otro relato, como "Caminar, caminar"

¡Sin palabras!

Un oasis.


Entrando al desierto y mimetizándome con él.

Cuando me querían cambiar por 30 camellos!!

Caos!

En el corazón del zoco de la Medina de Fez.

Espero que os haya gustado y os espero en el siguiente post que lo publicaré, si es posible, desde tierras marroquíes.

Un beso!