19 marzo 2015

El derecho al voto

(fuente de imagen: Google)



El domingo 22 de marzo hay elecciones a la Junta de Andalucía. El descontento de los andaluces es generalizado. No hay que ser muy avispado para darse cuenta, solo hace falta darse una vuelta por cualquier calle, cafetería, facultad…, y escuchar los temas de conversación de la gente, del pueblo que es el que importa.


Mucha gente vamos a optar por la abstención. Nuestro voto no va a ir a parar a ningún partido político, sencillamente porque para mí (y entiendo que también para muchos más andaluces) son todos iguales y cojean de la misma pierna, infectada y podrida hasta el tuétano por esa lacra que es la corrupción.


Los de izquierdas amenazan con que la derecha va seguir con sus políticas austeras, de recorte en recorte, y nos va dejar más tiesos que una mojama. Los de derechas, por su parte, amenazan con que los de izquierdas nos van a sumir de nuevo en la ruina y que la culpa de que estemos en crisis no es otra que la herencia política de tiempos de ZP.


En cada mitin, en cada debate, lo único que se oyen son amenazas y reproches; así se ha pasado todo el periodo electoral la clase política de este país, en general, y de Andalucía, en particular, en lugar de acordar soluciones a los problemas que afectan a nuestra Comunidad (que son demasiados). Y el pueblo mientras, estoico, escuchando escándalo tras escándalo y observando la farsa política de estos días.


Ahora tienen una nueva amenaza: Podemos, un partido político (más de lo mismo o peor) que han convertido con éxito en un monstruo de película del que hay que alejarse, al que hay que eliminar a como dé lugar.


Ni los de derechas, ni los de izquierdas, ni los de centro, ni Podemos..., en mi humilde opinión ninguno es válido para dirigir y gobernar una Comunidad sumida en la corrupción de los políticos y el desempleo y el desánimo generalizado de una población hastiada.


Quizá la culpa no la tenga nadie, quizá esos dos "defectillos": manos largas para llevárselos doblados y descaro desvergonzado para seguir acusando al rival de lo mismo que ellos hacen sin miramientos, sea una condición intrínseca al ser humano, ¿o tendría que afinar más y decir al “ser político"?


Quizá la solución esté, entonces, en:

     ¿Modificar la condición humana? Complicado, ¿no?

     ¿Cambiar de partido político? Ya se ha hecho y, ¿ha servido de algo?

     ¿Cambiar el sistema de raíz? Miedo me da.


Ninguna solución se me antoja válida; además, de existir alguna, no soy yo quien tiene que encontrarla.


Y luego ocurrirá lo de siempre: se unirán los unos con los otros (uniones muchas veces aberrantes por las diferencias en ideología política) y lo que ha votado el pueblo quedará muerto y enterrado.


En España el sufragio es un derecho fundamental por el cual "elegimos" democráticamente a nuestros representantes y mucha gente va a elegir hacerlo por medio de un voto nulo, una especie de abstención activa pero sin que repercuta en el escrutinio final. En España el método de contabilización electoral está basado en el sistema D'Hondt que, entre otras cosas, establece que el voto en blanco se suma al número total de votos del escrutinio, a partir del cual se calculan los porcentajes de representación. Un voto nulo, por el contrario, significará que estamos en desacuerdo con todas las candidaturas y lograremos ejercer nuestro derecho al voto sin beneficiar ni perjudicar a ninguna.


No, mucha gente no a votar a ningún partido político pero lo que nunca podemos dejar de hacer será opinar y expresar nuestro descontento, eso es lo que estoy haciendo yo ahora mismo y eso haré ante las urnas, aun a sabiendas que no lo leerá ningún político, ya sabemos que están demasiado entretenidos buscando algún nuevo argumento con el que arremeter contra sus rivales e inventando promesas que luego no cumplirán.

Purificación Estarli

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