25 febrero 2016

A los pies de la ceiba



Otra vez la misma palabra. Sucesión de letras aisladas que aparecen y desaparecen como imágenes en blanco y negro, danzando unas alrededor de las otras en una danza ancestral y mágica, hasta convertirse en algo concreto y con sentido, en una palabra bella y maldita al mismo tiempo: esperanza.
Imposible pensar con lógica en un lugar donde hasta respirar se hace insoportable, donde el calor supera a los deseos de avanzar. La sombra de la ceiba calma un poco esa ansiedad de lo que podría ser…, de lo que ha sido ya.
«Ceiba sagrada con olor a cayuco precolombino y tacto espinoso, tú que has dado sombra a otros que lo lograron y a tantos otros que duermen eternamente en su tumba de arena caliente, ofréceme a mí y ahora tus frondosas ramas y tu protección sagrada, y guíame por el sendero que me lleve hasta esa palabra que se abre en mi cabeza como alas de mariposa».
Esperanza de una vida mejor, de una vida en definitiva. La muerte, esa, ya es presente.
No hay marcha atrás. La “bestia” espera. Ya no existe el pasado.
Pies cansados antes de comenzar a caminar; espaldas polvorientas lejos del desierto; hombros ya quemados…
Un suspiro a los pies de la ceiba se pierde en el aire:
«¡Adiós, mi tierra. ¡Adiós! Hay mucho camino que recorrer».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión cuenta. Déjame un comentario.