29 julio 2016

Reseña de El amante japonés, de Isabel Allende


Son las 6:12 a.m. Llevo despierta un rato, dando vueltas en la cama. Todos duermen. Las aspas del ventilador de techo se mueven sin cesar, aportando ese aire fresco que en esta parte del mundo es tan necesario incluso a estas horas de la mañana.
Y es que en Austin el calor es sofocante: altas temperaturas mezclado con alta humedad, hacen del ambiente irrespirable.

Normalmente no me despierto tan temprano. Quizá el motivo de mi insomnio matutino haya sido el hecho de haber acabado de terminar hace apenas unas horas El amante japonés, de Isabel Allende, y algunas frases convertidas por mi imaginación en escenas hayan estado dando vueltas y más vueltas en mi cabeza como las aspas del ventilador.
"...y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun as'i quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno."
Otra de las causas puede ser que esta va ser la primera reseña que haga desde EE.UU. A pesar de los inconvenientes que eso conlleva, pues el teclado en el que estoy escribiendo es inglés y no tiene ni acentos ni eñe ni interrogación abierta (menos mal que está internet), me produce un cierta emoción hacerlo desde tan lejos de mi Granada.

Dicen que si sales indemne de un libro es que nunca has entrado. El amante japonés no me empezó gustando. Sus primeros capítulos me parecieron lentos y pesados; tengo que reconocer que tardé bastante en meterme en la historia. Algunas veces me suele pasar, pero no abandono, continúo leyendo y es cuando me llevo la sorpresa.

No sé si ha sido mi impresión pero en El amante japonés lo mejor está al final. Los últimos capítulos son magistrales y, como siempre, deseas que nunca acabe el libro.

Alma, esa mujer tan fuerte, a veces de hielo, durante buena parte del libro, y también de su vida, se cubre al final de ambos con una buena capa de romanticismo y ternura. Es entonces cuando piensas que sí, que no saldrás indemne del libro, que has entrado en la vida de Alma Belasco, de Irina Bazili, de Ichimei y de Nathaniel.

He leído un libro excelente, muy bien escrito tanto en estructura como en narración, con esa prosa sencilla y sin artificios innecesarios de Isabel Allende. Un libro lleno de lugares, de hechos históricos, de anécdotas, de luchas internas, de fracasos y éxitos, de enseñanzas..., en definitiva, de vida.
Una historia de amor fascinante y peculiar. Una historia de amor eterna, que sobrevive a los problemas y dificultades. Una historia de amor libre, que podría haber ocurrido de otra manera, y a lo mejor no hubiera sido tan fascinante, quien sabe, pero que los miedos y convencionalismos lo impidieron. Una historia de amor que no es una sino muchas, lo que nos enseña que el corazón es lo bastante grande para ello.

El amante japonés no es solo una novela romántica. Cuenta una historia a lo largo de 50 años, donde se engarzan otras vidas y otras historias, como las de Irina Bazili. Isabel Allende, en El amante japonés nos cuenta las crueldades de la II Guerra Mundial, el Holocausto, los campos de concentración, las injusticias sufridas por muchos inmigrantes japoneses en EE.UU.
El tema de la vejez también aparece a lo largo del libro, desmitificando muchas ideas que se suelen dar por sentadas.

En definitiva, un libro que ha llenado muchos ratos durante mi estancia en Texas, que me ha ido absorbiendo poco a poco.

Ya ha salido el sol. La imponente encina que veo desde mi ventana bajo la que estoy escribiendo me permite la luz necesaria para ello sin que los rayos de sol abrasen mis brazos.
Buenos días!
 


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