30 mayo 2014

Agonía

(foto de google)


Tengo frío. No puedo parar de tiritar, todos los músculos de mi cuerpo se mueven al compás, involuntariamente; sin embargo, mis manos comienzan a sudar y temo resbalar, caer, morir… fracasar. Aunque… ¡qué más da!, yo estoy ya muerto, un muerto viviente encaramado a una farola.


Oigo gritos allí abajo. Me da miedo la altura, el vacío que hay entre mis descalzos pies y el suelo se agranda cada vez que bajo la mirada para comprobar que siguen mirándome los mismos tipos uniformados, tanto a un lado como al otro de la valla. Me mareo. Unas poderosas ganas de vomitar me suben a la boca. Levanto la vista al cielo que poco a poco va iluminándose con la luz de un nuevo día. Los pájaros que sobrevuelan libres a mi alrededor, ajenos a mi drama, a mi historia…, me hacen compañía.


«¡Baja! ¡Baja!», me gritan una y otra vez. Tengo miedo que me pase como a mis compatriotas, que me atrapen como a un perro los policías alauitas y me devuelvan al lado marroquí. No, tengo que resistir aquí como sea. «¡Hasta que no vea allí abajo a los hombres del chaleco rojo, no descenderé», creo pronunciar en voz alta.


Ya no siento las piernas, se me han dormido y un leve cosquilleo comienza a subirme por las pantorrillas. Me duele la espalda. Tengo sueño y sed y frío, a veces calor en los brazos. Cierro los ojos, respiro profundamente y escucho mi interior. Pienso en mi madre y en mi hermano, en la libertad que les prometí, en la esperanza que les sembré en sus corazones. Mi pobre madre, la veo abajo, mirándome, está llorando por su hijo, el único hijo que la puede sacar de la miseria y el horror de la guerra. Me lleno de nuevas fuerzas para aguantar un poco más.


Algo se mueve bajo mis pies. Vuelvo a bajar la mirada lo suficiente para comprobar que las escaleras de una grúa se acercan a mí. No hay rastro de los chalecos rojos. Comienzan de nuevo las súplicas para que desista de mi intención: «¡No temas, muchacho! ¡Baja! ¡Solo tienes que saltar en las escaleras! ¡No te pasará nada! ¡Estás en suelo español! ¡Baja!»


Mis manos están frías y húmedas, mi espalda quiere retorcerse de dolor, mis piernas han dejado de existir, mi cabeza se ha llenado de hormigas y mi corazón late cada vez más rápido. El cielo ya ha pasado hace un buen rato de gris a azul intenso. Llevo aquí mucho tiempo, aferrado a esta farola que no sé si es española o marroquí, pero ya no puedo más, siento que me voy a desmayar y, entonces, todo habrá acabado por fin. A veces pienso que eso sería lo mejor, desaparecer y dejar de sufrir; otras veces creo que no tenía, ni siquiera, que haber nacido.


Vuelven a insistir que baje. Mis ojos se han llenado de lágrimas. Apenas tengo fuerzas para bajar la cabeza y fijarme en quien está abajo. Solo puedo distinguir el reflejo de algo rojo. «¡Ya están aquí! ¡Ya han llegado!», pienso.

No puedo aguantar más. Comienzo a descender voluntariamente.

 

27 mayo 2014

La imagen no tomada



La mirada perdida en la nada de un escuálido muchacho que, casi desnudo, deambula por una de las calles de la ciudad más antigua del mundo y donde descansan los restos de Saladino —defensor de la Tierra Santa durante la época de las Cruzadas—, llama su atención.
Cámara digital en mano y parapetado detrás de un devastado muro de lo que en su día fue un bonito y habitado edificio, el reportero se afana por obtener las mejores instantáneas de lo que ya es, desgraciadamente, toda una guerra civil declarada al gobierno alauita de Bashar al-Assad.
El ruido es infernal en la ciudad, explosiones, tiroteos, vehículos, aviones. Gritos, voces de niños, de mujeres, de hombres, de miedo, de terror, de impotencia, de indignación…
El objetivo de la cámara del reportero parapetado detrás del muro se desvía unos centímetros tan solo, las voces desesperadas de un grupo de rebeldes antigubernamentales que exigen algo tan proporcionado y lógico como es el cumplimiento de sus derechos humanos, son las culpables de tal variación.
Nuevos gritos, confusión, golpes…
No más de media docena de Shabbitas (mercenarios del gobierno de al-Assad) se encargan de reprimir a golpe de hierro, de nuevo, a los manifestantes. Una camioneta roja destaca entre tanto gris, polvo y miedo; sobre su parte trasera, un soldado en actitud altiva apunta con su potente kalashnikov a todo aquel que se le pone por delante.
Un  espeluznante ruido desestabiliza el objetivo del que, escondido, graba lo sucedido, vaticinando lo que en más de una vez han visto sus ojos. Varios cuerpos caen al suelo sin vida, sin aliento y sin esperanza.
Y la muerte, de nuevo.
El sudor le resbala por las sienes, las manos le tiemblan, siente pinchazos en la nuca porque se siente observado constantemente por francotiradores arrebujados en sus perfectos escondites. Se acuerda de lo complicado que fue llegar hasta donde está en ese momento, los problemas que tuvo que solucionar para poder entrar en una Siria desestabilizada, sometida, destrozada vilmente. Los obstáculos que tuvo que salvar para hacer lo que más le gusta en la vida: enseñar a una parte del mundo lo que ocurre en la otra. Aunque en ocasiones, como es la que en ese momento se le presenta ante sus ojos, se arrepienta de tener que dejar inmortalizada una imagen tan tremebunda.
Es en ese momento, en el que se le desestabiliza su cámara digital, cuando el reportero repara en el muchacho de nuevo. Pero, ahora, el joven sirio no mira a la nada. Ahora sus abiertas pupilas se dirigen a los cuerpos de los rebeldes que yacen en el suelo sobre un charco de sangre. El muchacho se acerca cada vez más y, mientras lo hace, repite unas palabras que el reportero no distingue bien por la lejanía.
El muchacho sigue su camino desesperado, no puede correr, parece que le cuesta incluso respirar, sus ojos son el reflejo mismo del pánico y la impotencia, pero continúa sin cesar repitiendo, una y otra vez, las mismas palabras.
De un golpe seco, el niño se arrodilla sobre uno de los cuerpos, mira al cielo y clama a gritos: ¡Aabi! ¡¡Aabi!! ¡¡¡Aabi!!! (¡Mi padre! ¡¡Mi padre!! ¡¡¡Mi padre!!!)
La lente de la cámara del reportero se ha desenfocado, una lágrima sale de sus ojos impidiendo así continuar con su labor de inmortalizar imágenes.

Este relato forma parte del libro LA VIDA TAL CUAL a la venta en Amazon, tanto en ebook como en formato impreso.

http://www.amazon.es/VIDA-TAL-CUAL-Relatos-cortos-ebook/dp/B00HSIU10G/ref=sr_1_4?s=books&ie=UTF8&qid=1401188045&sr=1-4


17 mayo 2014

"Momentos" (Una colaboración de Julio Amigo Quesada)

   Un relato de Julio Amigo Quesada



Llegaban los momentos soñados, o quizá los momentos de soñar; a veces, demasiadas veces, o quién sabe si pocas veces, siempre se confundía dentro de nuestro ser, de nuestra mente, posiblemente, de nuestro corazón, si son momentos soñados o aún no había llegado ese ansiado anhelo. 

Anhelaba ese afán, sentía la necesidad de tener y se olvidaba del "sustrato", del "humus" que regenera ese "afán", ese "anhelo", ese "deseo" que es la propia reconciliación con uno mismo, y por eso los sueños "no llegaban", o pasaban, o simplemente no los veía porque, realmente, no los quería ver. 

La magia que nunca había perdido, pero que pensaba que no tenía, volvió en el momento que el pensamiento se despejó de los nubarrones de la culpa, de la tormenta de no sentirse capaz; del huracán del complejo y los vio alejarse, sintió cómo desde lo más profundo de las entrañas se iban arrancando, se iba despegando esa condición y cada día que pasaba, cada día que "olvidaba", cada momento que iniciaba el proceso del perdón se iba arraigando dentro de él, de una forma rotunda y auténtica, el sentimiento mágico que provocaba llenarse de ilusión, inundarse de plenitud. 

Y la emoción volvía a su alma, el “pellizco” retorcía el corazón, era como savia recuperadora, qué duda cabe, para "remozar" el sentimiento, para allanar la emoción, para simplemente aprender a vivir de nuevo. 

La emoción quería volver a su sentimiento, quería volver a ese puesto que le correspondía, a ese aspecto que era SUYO, siempre y la emoción quiso volver con él, quiso volver con quien tenía que estar, no podía estar en otro, y con otro, aspecto distinto. 

Quiso y no podía, quería y no pudo contemplar esa ilusión dentro de él. Quería tener ese posible desafío dentro de su mente, dentro de él mismo, dentro de su corazón, pero no pudo. 

La desilusión pronto volvió a su mente, pronto quiso embargar, de una vez, por todas ese corazón, ese gran "manchado" corazón de sabiduría, que quería y no podía alejar de una vez, y para siempre, la tristeza que todo lo abarcaba. Quiso y no pudo desarraigar de su entoldada mente la sensación que le provocaba, de una vez por todas, la gran tristeza que lo envolvía de una vez. Señalado siempre por esa "desazón" que siempre lo poseía y que casi nunca lo abandonaba. Quería, de una vez por todas, deshacerse de eso que le atosigaba, como piedra que se une a tu camino, como maleta que siempre viaja, vayas a donde vayas, como mochila que siempre va colgada a tus espaldas. Deseaba tanto desprenderse de ella... 

Pronto Luis supo recomponerse, como tantas y tantas veces, se arregló, aunque fuera mínimamente, para poder salir a la calle, poder tomar conciencia de lo que le atenazaba, saber, de una vez para siempre qué era lo que le acompañaba desde tanto tiempo, aunque ya sabía qué era, qué era lo que le atenazaba desde tanto tiempo atrás. 

Y aquella "perfección" que tenía que llegar, se trasladó dentro de él, siempre muy dentro de él para estar siempre con él, como siempre había sido, como siempre tenía que ser. Pero la mente de Luis bullía sin asomo, era un "precioso" lodazal de ánimo, una mente que sin querer (y queriendo) no paraba de pensar, no paraba de "establecerse" por su cuenta, siempre quiso estar ahí...

Julio Amigo Quesada

13 mayo 2014

Curso de verano sobre Literatura e Internet

UNIA
Ya está abierto el plazo para matricularse en el curso de verano "Escribir en y para internet: narrativa y tecnología en la era de las redes sociales"que se va a llevar a cabo entre los días 21 al 25 de julio de 2014 en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en su sede de La Rábida (Huelva).
Información y matrícula

El curso pretende dar una visión general de la literatura en un nuevo medio como es la Internet, enseñando el lenguaje que se usa en la misma, los nuevos géneros que han aparecido, cómo se enfrentan a ella el escritor tradicional y el escritor independiente y las diferentes formas de publicar y de aprovechar los medios que existen. 
El curso está dirigido a todo el mundo. 

Consta de cuatro bloques: 
  1. El primero, con Pablo Hinojosa y José Antonio Bautista, es el más técnico de todos, en él aprenderás un lenguaje que usa hipertesto e interacción. 
  2. En el segundo, con Belén Gache y Alberto Ramos, se hablará de la microficción y la ciberliteratura. 
  3. En el tercer bloque, con Lorenzo Silva y Purificación Estarli (una servidora), se hablará de la experiencia de ser escritor en internet. Lorenzo Silva como profesional y premio Planeta, y en mi caso como escritora independiente. 
  4. Y por último, en el cuarto bloque, Salvador del Barrio y JJ Merelo, tratarán aspectos tan importantes como el marketing, la auto publicación y la analítica web.

Objetivos
  • Familiarizar a la persona que escriba en internet, tanto ficción como no ficción, con el nuevo lenguaje de este medio y las facilidades que ofrece.
  • Ofrecer una panorámica de la experiencia del escritor trasladada a internet.
  • Enseñar las diferentes formas de publicación que existen en internet.
Dirección
  • Dr. D. Juan Julián Merelo Guervós. Universidad de Granada
  • D. Ángel Pablo Hinojosa Gutiérrez.
Profesorado
  • Dr. D. Juan Julián Merelo Guervós. Universidad de Granada
  • D. Ángel Pablo Hinojosa Gutiérrez.
  • D. Alberto Ramos. Escritor
  • D. José Antonio Bautista. Ilustrador y guionista
  • Dr. D. Salvador del Barrio García. Universidad de Granada
  • Dª. Purificación Estarli Pérez. Escritora
  • D. Lorenzo Silva. Escritor
  • Dª. María Belén Gache Caballero. Escritora
Programación

 


LUNES
MARTES
MIÉRCOLES
JUEVES

VIERNES
9:00-11:30
SESION 1.
El lenguaje de la web: HTML y CSS; Pablo Hinojosa
SESION 3.
El lenguaje de la web: HTML y CSS; Pablo Hinojosa +
Narrativas interactivas; José Antonio Bautista
SESION 5.
Experiencias de una escritora independiente, Purificación Estarli
SESION 7.
(Evaluación; JJ Merelo)
SESION 10.
(Web 2.0 y literatura. Publicando en Internet: opciones y mercado; JJ Merelo )
11:30-12:00
DESCANSO




12:00-14:30
SESION 2.
Microficción; Alberto Ramos
SESION 4.
Narrativas interactivas; José Antonio Bautista
SESION 6.
Márketing y analítica web, Salvador del Barrio
SESION 8.
Un autor en Internet: experiencia de un premio Planeta, Lorenzo Silva

14:30-17:00

DESCANSO




17:00-19:30



SESION 9.
Ciberliteratura: el medio y el mensaje, Belén Gache

 Será un curso muy interesante, ameno e interactivo, ¿te lo vas a perder?