27 junio 2014

Juan Palomo, yo lo escribo..., yo me lo como.



Ayer jueves, 26 de junio, participé en el 10 de 10 que se celebró en la sala Cocorocó Coworking, en el que 10 personas hablamos durante un tiempo limitado sobre las Redes Sociales. Fue la presentación del curso de social  media impartido por la UGR e Ideal a través de la Fundación Empresa Universidad. 
A mí me invitaron para hablar de autopublicación en la Red y del uso que los escritores independientes hacemos de las Redes Sociales y, de esta forma, introducir y promocionar el curso de verano que se va a realizar en la UNIA a finales de julio sobre Literatura e Internet. Es una charla a modo de introducción y explicación de lo que significa ser un escritor independiente y del trabajo que realiza en los medios sociales a propósito de la promoción de sus libros.

Mi charla la titulé  "Juan Palomo, yo lo escribo..., yo me lo como":

<<La Literatura independiente es un término cuya definición no está muy clara. Es un témino abastracto y amplio que engloba a otros más concretos. Se suele definir como una literatura diferente, original, no comercial. Algo así ocurre con la música independiente o indie, que no tiene una definición precisa.

Dentro de este movimiento independiente nos encontramos con un término algo más concreto: las Editoriales Independientes, que no son más que pequeñas empresas, valientes (tal y como está el mercado editorial en estos momentos), que arriesgan y apuestan por obras de autores noveles. Ejemplos podemos citar a Editorial Al Revés, Impedimenta, Algón Editores, Sinerrata...

Cerrando el círculo de este movimiento independiente, están los Escritores Independientes que, en concreto, son todos aquellos autores que publican sus por sí mismos, sin la "protección" o el "respaldo" de ninguna editorial. Y lo pongo entre comillas porque algunas veces ese respaldo no existe o no es como debería de ser. Últimamente han aflorado (aprovechando el tirón de esta crisis editorial) algunos sellos editoriales digitales que han captado a algunos autores cuyas obras han estado en la cima de los ranking de ventas en amazon, estos autores se han visto tentados y atraídos por promesas que luego no se han cumplido y han visto como la protección y el respaldo (en cuanto a promoción, sobre todo) que una editorial debería ofrecer a sus autores, en este caso era inexistente. Conclusión: sus obras se han perdido en la selva de amazon, han perdido la privilegiada situación en los rankings de ventas y encima estos autores tienen que seguir como antes en cuanto a autopromoción de sus libros.

Como decía, los escritores independientes tienen que enfrentarse solos a todos los pasos por los que pasa un manuscrito desde que es escrito hasta que llega al lector, por todos los eslabones de la cadena editorial, tanto si es en formato papel como en digital. So, somos, autenticos "Juan Palomos".
Y esto es ya posible desde el momento en que  aparecieron en internet plataformas de autopublicación, como Bubok, Lulu, amazon...

¿Esto que significa? Pues que los escritores independientes no nos podemos dedicar exclusivamente a imaginar una historia, documentarnos y escribir, sino que tenemos que ir más allá y ser autodidactas, es decir, tenemos que ser editores, maquetadores, correctores, ilustradores... e incluso "expectos en marketing". O bien aprendemos a realizar medianamente bien todas esas acciones o contratamos los servicios profesionales correspondientes, algo que creo que no nos va a salir muy a cuenta. La excepción, quizá, está en la revisión y corrección de tu manuscrito, sería muy interesante que un profesional se encargue de este menester.

Amazon cuenta con un servicio asociado llamado KDP que ayuda al autor a la hora de subir el libro a la Red, transformando el archivo del libro (word o txt) al formato electrónico e incluso tiene un diseñador de portadas que no está del todo mal. Pero a pesar de todo, nosostros tenemos que asegurar que ese manuscrito tenga las condiciones mínimas exigiblibles de calidad en cuanto a maquetación y portada, principalmente, y también a la revisión de la ortografía y gramática, por que si no la primera en echarlo para atrás va a ser la propia plataforma de autopublicación y, después, los lectores. Si el libro cumple con esa calidad mínima y encima gusta, el boca-oreja hará su trabajo. El cliente (en nuestro caso, el lector) es el que manda en última instancia.

El paso más complicado con el que se enfrenta el escritor independiente durante todo el proceso editorial es, sin lugar a dudas, la venta de su libro: el marketing. Y aquí es donde entran las Redes Sociales. ¿Qué seríamos los escritores independientes sin las RRSS? La primera novela que publiqué por mi cuenta y riesgo en amazon fue "El secreto de Las Margaritas", una novela juvenil de ficción contemporánea que estuvo más de una año entre las más vendidas de amazon. ¿Cómo se logra esto? El factor suerte es importante. El estar en el sitio adecuado en el momento adecuado influyó en el sentido de la visibilidad. Me explico, amazon llegó a España a finales de 2011 y yo publiqué "El secreto de Las Margaritas" en febrero de 2012, en ese momento había relativamente pocos libros publicados, unos 30 0 40.000 ebook, y había pocos escritores que nos atrevíamos a eso de publicar por nuestra cuenta, con todo ello era más fácil que tu libro destacara. Pero también infuye y mucho la estrategia de marketing que se use. El uso adecuado de las Redes Sociales es determinante para crearte una buena marca personal, un prestigio como escritor y una buena estrategia de promoción de tu libro.

Las Redes Sociales son una herramienta gratuita que a los escritores independientes nos vienen muy bien si sabemos usarlas adecuadamente. A mí, en particular, no me gusta la palabra vender al referirme al trabajo que hago con mis libros en internet, no soy comerciante sino escritora, por lo que creo que es mejor atraer al lector que no bombardearlo con enlaces exclusivos de venta de nuestro libro. El autobombo, en todos los sentidos es contraproducente. El consumidor siempre ha estado sometido al yugo de la publicidad tracional, al machaqueo y bombardeo de información y mensajes que solo pretenden la venta de un producto, pero esto está cambiando afortunadamente y cada vez más el consumidor está exigiendo otro tipo de publicidad, sobre todo desde la apariciín de los Social Media y todas sus ventajas, de ahí surge el Imbout Marketing o Marketing de atracción que se basa en el marketing de contenidos y en generar curiosidad en el consumidor de manera que sea él el que busque e interactúe con el producto. Este tipo de estrategia es muy adecuado para el trabajo de promoción de los escritores independientes.

Dentro de este modelo del Marketing de atracción están los Blogs. Para los escritores independientes es también una buena herramienta para generar potenciales lectores. Un blog es como nuestra casa, en la que hay (debe haber) información sobre nosotros como escritores, sobre nuestros libros, reseñas, sinopsis... Si logramos atraer tráfico hacia nuestro blog por medio de artículos originales, distintos, relatos, temas que interesen (esto lo conoceremos cuando midamos los resultados de nuestra estrategia gracias a la analítica web), estaremos siendo más visibles y nuestro trabajo será más visible. Con esto nadie te asegura que comprarán tu libro y que lo lean, pero al menos nos conocerán y conocerán nuestro trabajo.

Espero que os haya quedado un poco más claro que es un escritor independiente y cuál es su trabajo en las Redes Sociales. No obstante, de todo esto hablaré, con bastante más profundidad, en el curso "Escribir en y para Internet: narrativa y tecnología en la era de las Redes Sociales" que se va a celebrar en la UNIA, en su sede en La Rábida (Huelva), entre los días 21 al 26 de julio. >>
Purificación Estarli


20 junio 2014

¡Qué sano es caminar!




Abrí la puerta izquierda del armario de mi dormitorio y comencé a rebuscar por las perchas más alejadas de la entrada, precisamente ahí es donde guardo la ropa que no suelo usar muy a menudo. «¡Aquí estás!», exclamé descolgando una percha de madera oscura donde había colgados unos pantalones cortos grises. Me los compré precisamente cuando nos apuntamos un amigo y yo al gimnasio que hay a dos manzanas de mi casa. «Están completamente nuevos», pensé mientras los revisaba a conciencia por delante y por detrás. Algo normal si tenemos en cuenta que no duré en el gimnasio ni un mes. Y es que, sinceramente, lo que a mí me gustan son los espacios abiertos, hacer deporte al aire libre. Sí, así es, ahora lo veo claro porque tengo fehacientes pruebas de ello: también abandoné la natación, el pádel  y el yoga.


Me puse los pantalones cortos con urgencia; casi pierdo el equilibrio. «¡Tranquilo!», me exhorté a mí mismo. Elegí, para completar el atuendo, una camiseta negra de tirantes anchos. No es que fuera una prenda especialmente deportiva pero daba el pego y, lo más importante, era transpirable.

Baje las escaleras con presteza. Ya en la puerta de la casa, y antes de abrirla para salir, emití un corto pero profundo suspiro para insuflarme ánimo y… ¡hala!, a la calle a caminar esa hora que me propuse a diario a partir de ese día. 


Miré el reloj: las 19:58 h. Como todas las tardes se había levantado un poco de aire. «Tanto mejor», pensé, al menos aliviaría el incipiente calor de un verano que estaba a la vuelta de la esquina. Y hablando de vueltas, ese día me sentía ligero, ¿sería el viento que soplaba a mi favor? No lo sé, el caso es que me sentía tan bien que decidí darle la vuelta a la Base Militar Aérea que hay próxima a mi casa. Vamos, que solo tengo que cruzar la carretera que está a cincuenta metros de mi casa y ya estoy en el camino que bordea la alambrada perimetral del campo militar. Un camino al que unos han bautizado cono “la ruta del colesterol” y otros “la ruta del biquini”. Busquen ustedes mismos la analogía.


Me extrañó no ver a mucha gente haciendo deporte; normalmente, es un camino frecuentado por multitud de ciclistas, senderistas, paseantes, corredores… «Claro, el mundial», deduje. Esa misma tarde, a la 21:00 h se enfrentaba España con Chile, buscando su pase a octavos de final. Al final no pudo ser. No es que yo sea un apasionado del balompié pero tengo que confesar que cuando juega la selección española siento cierto cosquilleo en el estómago que me hace mirar con más frecuencia la pantalla de la TV durante el partido, mucho más que cuando juega cualquier otro equipo de fútbol aunque sea español.


Firme en mi sana decisión, comencé decidido a andar por el camino de tierra. A cada paso, y conforme avanzaba adentrándome en el camino y alejándome de la carretera, escuchaba el agradable sonido del chasquido de la tierra bajo mis pies. Me gustaba porque me relajaba. Presto atención a mi alrededor, ya no tanto con la vista como con el sentido del oído, para percibir todos esos ecos, silbidos, chasquidos, siseos y murmullos que no acostumbramos a escuchar o que simplemente pasan desapercibidos amortiguados por otros más fuertes, quizá, o más constantes y rutinarios como el claxon y el motor de los coches.


El aire mecía las ramas más débiles de los plátanos de sombra que bordean el camino junto a la Base Aérea y, a su vez, estas mecían suavemente a las hojas. Percibí también el seductor canto de los mirlos que a esas horas de la tarde se intensifica y que te hace imaginar por un momento que no estás en una ciudad. Sonidos perfectos, rítmicos, naturales…: un ambiente ideal para caminar.


Miré el reloj: las 20:14 h. Llevaba caminando quince minutos. No estaba cansado, aunque comencé a sudar, lo que me hizo dudar si quizá no tendría que haber salido un poco más tarde. Un hombre se aproximaba corriendo en dirección contraria a la mía. Me fijé en él: llevaba unas zapatillas de color verde –flúor y camiseta a juego totalmente empapada en sudor, su rostro estaba desencajado debido al cansancio. «Ese hombre es el esfuerzo y el sacrificio personificados», me dije. Solo de mirarlo ya me dolía cada uno de mis músculos. Era mi primer día y pensé que lo mejor sería comenzar caminando, eso sí, a buen ritmo, con el tiempo lo mismo haría incluso footing como el hombre de las zapatillas verde-flúor.


Unas pisadas más fuertes que las mías escuché que se acercaban por detrás. Alguien se acercaba a un ritmo más ligero que el mío, lo supe porque el chasquido de la grava se intensificaba cada vez más. Aceleré el paso. Fue inútil. Un segundo hombre, esta vez caminando, me acababa de sobrepasar. Vamos, que me había adelantado literalmente sin dificultad. Me fijé en él: calculé que tendría unos veinte años más que yo, lo que me hizo sentirme tan mal como si todos los plátanos de sombra se me hubieran echado encima a la vez. O ese hombre caminaba excesivamente rápido o, lo que mi inconsciente no quería admitir, yo caminaba como una tortuga. Y encima lleva unas zapatillas de deporte del mismo verde-flúor que el hombre que corría en sentido contrario al mío. «¿Será ese el color de moda?», me pregunté observando las zapatillas.


Me miré los pies: mi calzado deportivo consistía en unas viejas, o mejor dicho, anticuadas, zapatillas blancas de deporte. Enarqué las cejas e intenté aligerar el paso un poco más. Comencé, entonces, a respirar con mayor dificultad por el “esfuerzo”, a la vez que el sudor se intensificaba. Dicen que se tarda en dar la vuelta completa a la Base Aérea algo menos de dos horas a paso ligero.


Miré de nuevo el reloj: las 20:21 h. «¡Solo!», exclamé con frustración en mi voz. Aflojé el paso poco a poco, sin apenas darme cuenta de ello. Las piernas me pesaban como si en lugar de huesos tuviera plomo. Las rodillas empezaron a hacerse notar. «Ya decía yo que hoy estaban muy calladitas», susurré. Desde que me caí aquel día sobre el empedrado de la calle Alhambra y paré indefectiblemente el golpe con ambas rodillas, no ha habido un solo día en el que no haya notado su presencia al subir escaleras, al levantarme, al meterme y salir del coche…


Miré otra vez el reloj: las 20:25 h. Me paré y, apoyando las manos en las rodillas, comencé a divagar: «Casi llevo media hora caminando. Si en este punto me doy la vuelta habré caminado, hasta llegar de nuevo a casa, prácticamente una hora. Además, no sé cómo se me ha ocurrido salir así vestido. Tengo que comprarme ropa deportiva decente. Sí, me compraré algo verde-flúor que parece que está de moda. Aunque… tendré que ir ya la semana que viene porque lo que queda de esta lo tengo hasta arriba de trabajo y… seguro que la semana que viene aprieta el calor, tendré que salir más tarde, pero… ¿y la partida con los amigos?...»


Me di la vuelta.


Purificación Estarli

13 junio 2014

El punto de partida



Siempre hay un principio en todo suceso, un punto a partir del cual comienza algo distinto, algo que se escapa de la rutina diaria, que te tambalea el resto del día y el siguiente... y el siguiente..., que te cambia la vida para siempre.
          Aquella calurosa noche de finales de primavera, en la que un cielo tachonado de estrellas resplandecía como nunca, marcó un antes y un después en su vida. Un instante solo fue suficiente para no poder dejar de pensar un segundo en él, en sus dulces palabras y en las que aún no había pronunciado... en las venideras.
          Un tren cargado de ilusiones y sueños cruzo su mente veloz, ¡ah! pero ella fue más rápida y lo atrapó: quedó parado en la vía de la esperanza. Así, pudo convertir cada una se esas ilusiones en magia viva, en sueños reales que día a día se fueron consolidando y tomando forma. 
          Esa precisamente, esa calurosa noche de finales de primavera, en la que las flores dormían y los grillos comenzaban a ensayar su concierto estival, fue el principio de todo, el principio de una mágica historia de amor, el punto a partir del cual supo que lo amaría para siempre.

~Purificación Estarli~