29 marzo 2017

Yo fui víctima de un troll


Mi historia comienza con una relación de apoyo como escritora. Esa persona apoyaba mi obra literaria compartiendo en Facebook y tuiteando contenido que sobre mis libros yo hacía en Redes Sociales. Un apoyo incondicional, sin pedir nada a cambio, hasta que un día nos intercambiamos los teléfonos y aquella relación online pasó, en cierto modo, a ofline. 

Prácticamente todos los días, escuchaba aquella voz de señora mayor contándome toda su vida e interesándose por la mía y por mis libros como si fuera lo mejor que había leído en su vida. En aquellas llamadas también criticaba y tiraba por los suelos a otros escritores a los que también apoyaba en redes. Enardecía mi faceta de escritora como si fuese lo mejor de todo lo que había leído.

No me gustaban aquellas conversaciones, pero siempre que me llamaba descolgaba el teléfono y dejaba que hablara, algunas veces más de una hora, sobre ella y sobre los demás. Al ser una mujer mayor, jubilada, y con mucho tiempo libre pensaba que se sentiría útil ayudándo a los escritores y de alguna manera, me sentía en la obligación de contestar. Era como una especie de tasa a pagar por su fiel apoyo en redes sociales. 

Hasta que mi paciencia dijo !Basta!, entonces dejé de contestar al teléfono y a los wassaps. Eso a ella nunca le gustó, y algunas veces, al ver que no cogía el teléfono, me llamaba insistentemente una y otra vez hasta que descolgaba y me hablaba en tono enfadado por no haberle contestado la primera vez. 

Dejé de frecuentar las RRSS y eso tampoco le gustaba, me decía que estaba despreocupándome de mis libros y que eso una escritora que se precie no lo podía hacer. Comenzó entonces a infravalorar mi escritura. 

Empecé a preocuparme y me di cuenta de que aquello era un acoso en toda regla. Y un buen día decidí no volver a cogerle el teléfono. Ese día sonó el teléfono fijo y el móvil más de 50 veces. Pero ya no lo descolgué. Los indultos por el wassap comenzaron a aparecer pronto, entre los que se colaron alguna que otra amenaza, advirtiéndome de que yo no era nadie para no contestarle al teléfono y que no podía pasar de ella. Pero lo hice, y su amenaza se hizo realidad metiéndote en mi cuenta de Amazon y haciéndose pasar por mí. 

Esta señora conocía mi contraseña, y por supuesto, mi email. Por aquel entonces usaba la misma para mí página de Facebook y para mi cuenta de Amazon, contraseña que ella conocía porque había sido administradora por un tiempo de la página. Hizo una escabechina en mi cuenta, empezando por quitar comentarios de cinco estrellas a libros que yo había leído, poner otros de una estrella cambiando mi nombre, hasta, lo más grave de todo, anular la venta de uno de mis libros. 

En fin, toda una venganza por haber dejado su "amistad", si es que se puede llamar a eso así. Una maravilla de amistad la de esta señora, que no voy a decir su nombre porque yo no soy tan mala como ella, a pesar de que ahora me consta que está haciendo lo mismo con otros/as escritores/as, primero té gana con sus halagos y después, te hunde.

Mi historia es un caso de acoso a cara descubierta, que finalmente no ha llegado a más, esta señora ya ha salido de mi vida, afortunadamente. Pero cuidado a quien confías tu amistad porque puede salirte caro. 


26 enero 2017

Todo cambia


Siempre es un placer y un honor colaborar en un blog, pero en este caso la satisfacción es mayor, si cabe, porque su dueño, Juan Antonio González Ruiz-Henestrosa, ha estrenado nuevo blog y me ha pedido que estrene yo una de sus secciones. El blog se llama Tarayuela, un blog de letras, de artículos, de relatos..., pero sobre todo, un blog de sentimientos.

Podéis leer mi colaboración, de título Todo cambia, entrando en el blog Tarayuela o pinchando en la imagen.

https://juanantoniogonzalez.wordpress.com/2017/01/25/todo-cambia-2/
 

27 diciembre 2016

Un lobo con piel de cordero

Cuando crees que ya estás curado de espanto te ocurre algo que supera con creces todo lo anterior. Os digo esto porque yo tenía una amiga en la que confiaba tanto que nombré durante un tiempo administradora de mi página de facebook y, por supuesto, conocía la contraseña (la misma que uso para la cuenta de amazon y para el correo electrónico). Esta señora, y digo señora porque ya es mayor, me ha ido pisoteando poco a poco, casi sin yo detectarlo. Primero puso en el cielo mis libros, hacía propaganda de ellos, me llamaba por teléfono; más tarde empezó a despreciarlos de manera sutil, a los libros y a mí. Todo lo que decía yo, ella lo contradecía, yo nunca llevaba razón, la soberbia le impedía darme la razón en nada. Yo soy humilde y reconozco mis errores, pero ella pretendía hundirme. 

Me llamaba casi todos los días y me obligaba a devolverle la llamada porque si no se enfadaba. Cada vez que me llamaba hacía sentirme tan mal en ese aspecto que decidí espaciar esas conversaciones. Ella me llamaba una y otra vez, al fijo y al móvil, si no contestaba me enviaba un wassap enfadada,  obligándome a llamarla cuanto antes. 

Un día, una seguidora mutua de tuitter,  de la que hacía tiempo que no sabía nada me envió un MD diciéndome las lindezas que iba hablando esta señora de mis libros (por cierto, algo muy común en ella: a mí también me hablaba mal de otros) y que tuviera cuidado con ella. Un buen día, decidí no cogerle más el teléfono, entre otras cosas no me apetecía hablar con una persona que me hacía sentir tan mal. Me envió mensajes de wassap obligándome a llamarla. Le contesté contándole lo que me había dicho la seguidora de twitter y se puso como una fiera (ahí ya se le cayó la piel de corderito y empezó a verse su verdadera imagen). Me dijo que yo no era nadie, que de ella nadie pasaba y que me iba a enterar de dejar de ser su amiga (tengo los mensajes guardadados, por supuesto). A eso no le di mayor importancia hasta dos días después. 

La tarde del día 25 de diciembre recibo un mensaje de una escritora diciéndome que le faltaba la opinión que le puse en el libro que tiene en amazon y que le parecía raro que yo hubiera hecho algo así. Esta chica, recién publica y solo tienía mi opinión. Efectivamente, al día siguiente entro en amazon y me encuentro que ya no estaba la opinión de cinco estrellas que en su momento le puse. Me meto en mi cuenta de amazon y ¡ohhhhh! yo ya no era yo, mis comentarios estaban firmados con otro nombre, había comentarios eliminados en libros que recuerdo perfectamente haber comentado y, lo peor, había comentarios nuevos, en total 5, tres de una estrella, uno de dos y uno de cinco. Esos escritores ya están al corriente de lo ocurrido excepto dos que me han bloqueado y no tengo manera de contarle lo que sucede. Por ahora no puedo demostrar quién ha entrado en mi cuenta y se ha hecho pasar por mí, pero blanco y en botella, ¿no? 

Amazon ya está al corriente de lo sucedido y fueron ellos los que me aconsejaron que cerrara la cuenta y volviera a abrirme una nueva, por supuesto eso he hecho, y también con mi página y con la cuenta de gmail. Lo de los comentarios no me afecta tanto, porque mi conciencia está muy tranquila. Menos mal que Elisa me avisó y confió en mí, no como otros que a la primera me han puesto de envidiosa y me han bloqueado. En fin, allá ellos. Lo que sí me afecta y mucho es que la señora, mi querida "amiga" no contenta con hacerse pasar por mí, se ha atrevido a anular la publicación de los libros autopublicados que aún tenía en amazon, se trata de los cuentos educativos. Solo se ha quedado el que tengo con editorial y porque ese no lo puede tocar desde mi cuenta cuenta de KDP. 

A mi querida "amiga" decirle que lo he puesto en conocimiento de la policía y que no pienso parar hasta saber la IP desde donde me han hecho la escabechina en la cuenta de amazon. Pienso llegar hasta el final. De esto, desgraciadamente, solo saco una conclusión, y es no fiarme de nadie tanto como para darle mis claves. Y a los/as que me han insultado, desconfiado y bloqueado no les voy a decir nada porque no merecen la pena, bueno sí, darles un consejo: preguntad primero antes de insultar a la ligera y sed un poquito más humildes para no creerse tan importantes como para pensar que el mundo está pendintes de vosotros. En fin, como he dicho, no merecen la pena. 


14 noviembre 2016

Más allá del horizonte: un drama humano que todos debemos conocer.





Said Salek, un inmigrante de Costa de Marfil, va a ser expulsado a su país en un vuelo regular junto a otro marfileño. Durante las once horas que dura el vuelo, mantiene una larga conversación con el policía-escolta que lo acompaña, Paco Benítez, durante la cual le cuenta toda su historia: desde que sale de su país a finales de noviembre de 2010, huyendo de la guerra civil que provoca el desplazamiento de miles de personas, hasta que es expulsado un año después de España. 

Said Salek narra en primera persona y en forma de recuerdo todas las penurias que tiene que vivir para alcanzar la “Tierra Prometida”, teniendo que cruzar cuatro países y subirse en un viejo cayuco hasta llegar a las Islas Canarias. Durante la dura travesía se va encontrando con distintos personajes y protagonistas que, de un modo u otro, forman parte de estas redes de inmigración irregular.
Una vez en España, no se detienen las penurias por las que tiene que pasar Said; no obstante, encontrará un gran apoyo en Ana, la voluntaria del CEAR, que le ayuda en todo lo concerniente a la solicitud de asilo y de la que se enamorará.

Más allá del horizonte es una novela llena de empatía y de valores humanos que permite al lector conocer mejor el problema de la inmigración ilegal en España, entendiendo las características de estos movimientos y las causas que favorecen el éxodo masivo de miles de personas que se ven obligadas a convertirse en refugiados en otros países.   



No cierres los ojos ante el drama de la inmigración. No te quedes solamente con la información que escuchas y lees en las noticias. Los medios de comunicación solo nos muestran la llegada masiva de cientos de inmigrantes a la valla de alguna de las dos ciudades autónomas o de personas hacinas en pobres embarcaciones pero no ahondan más allá. Haciendo uso de una analogía, la problemática de la inmigración irregular es como un iceberg: solo vemos la punta, lo que aflora en la superficie; sin embargo, por debajo hay un inmenso bloque de hielo, ahí es donde está la base del drama de la inmigración, en lo que no se ve, en el origen, en los problemas de diferente índole (y a los que debe acudir la Comunidad Internacional al completo) que asolan estos países subsaharianos.


Más allá del horizonte es una novela de ficción pero narra una historia que podría ser verídica: el sufrimiento, la lucha, la angustia, los miedos de las personas que tienen que salir huyendo de sus hogares y las causas que provocan estas huidas están muy bien representadas en la novela.
Este es su mayor atractivo, el poder conocer y comprender a través de la historia que se cuenta en ella qué hay más allá de lo que se conoce de la inmigración.


Más allá del horizonte la puedes adquirir tanto en versión digital como en papel, en Amazon, Casa del Libro y El Corte Inglés; así como en las principales librerías. 

Además, descargándote el ebook a través de amazon, estarás ayudando a los refugiados ya que todos los beneficios de la venta del ebook van a parar a ACNUR, conforme al acuerdo de colaboración firmado entre la oenegé y la autora.



31 octubre 2016

La última noche (Concurso Historias de miedo de Zendalibros e Iberdrola)





Germán siempre ha tenido miedo a la oscuridad. No lo podía evitar. A pesar de la edad, de saber que la oscuridad no hace daño, que no contiene monstruos ni criaturas extrañas ni malvadas —como así les decía a sus dos hijos cuando eran pequeños—, cada noche sentía un escalofrío que recorría todo su cuerpo cuando se apagaba la luz del dormitorio y aparecía la oscuridad, la confusión y el silencio. Germán miraba debajo de la cama disimuladamente para que Patricia, su mujer, no se diera cuenta de la estupidez que estaba haciendo. Tenía la certeza de que no se iba a encontrar nada raro, quizá unas cuantas pelusas si miraba detenidamente, aun así se asomaba, formaba parte de su “ritual del sueño”.
Ya sé que puede parecer ridículo, que a un adulto como Germán no le podían estar pasando esas cosas, que eso solo ocurre cuando eres niño y que con los años se va pasando, pero era irremediable. El miedo se apoderaba de él —o de su imaginación— con tanto afán que llegaba a ver claramente sombras en las sombras, puntos diminutos de luz blanca moviéndose a su alrededor, bultos con forma de silueta humana…  Cerraba fuertemente los ojos, pero su oído se agudizaba y comenzaba a escuchar todo tipo de ruidos: pasos que se acercaban cada vez más, el susurro de una respiración justo a su lado, el sonido de lo que parecía el roce de un cuerpo arrastrándose por el pasillo. Se imaginaba incluso que la oscuridad se concentraba delante de él y se convertía en un ser horrible que se lo tragaba. A veces, la desesperación que su quimera le provocaba era tal que encendía de un manotazo la lámpara de su mesita de noche —no sin antes tirarla—, se sentaba en el borde de la cama envuelto en sudor y, con los ojos casi salidos de las órbitas, escrutaba todos y cada uno de los rincones que pudiera haber en la habitación y en el trozo de pasillo que la abertura de la puerta le permitía ver. Patricia, alertada por los ruidos, se despertaba, lo observaba durante unos segundos con pena e impotencia y le daba un beso para, seguidamente, recostarlo de nuevo en la cama, como si de un niño se tratase, abrazándolo hasta el amanecer.
Germán conoce a la perfección la raíz de ese vergonzoso mal que lo atormentaba noche sí, noche también: su padre y su cinefilia. Era rara la noche en que su padre no llegara con una película de miedo para verla en el recién comprado vídeo VHS, sin detenerse a pensar que un niño de 9 o 10 años no es apto para empaparse de escenas tan sangrientas y repugnantes como las que se sucedían en Carrie o en El día de los muertos o en Zombie; ni tan macabras como las que se podían vivir en El resplandor o en El abominable Dr. Phibes o en Hellraiser.
Ahora, Patricia ya no está para calmarlo; se fue para siempre del lado de Germán hace dos años. Ya no tiene que disimular a la hora de aquietar sus temores nocturnos con un grito, ni molesta a nadie si un día decide dormir con una luz encendida. Ya no, pero da igual porque, últimamente, no se asoma debajo de su cama. El sueño y el cansancio comienzan a aparecer cada vez más pronto, sus ojos se cierran y se abren despacio, con parsimonia, como si estuvieran siguiendo el ritmo de Audrey Hepburn y su Moon river en Desayuno con diamantes. A Germán le encanta esa película, no en vano la habrá podido ver unas veinte veces a lo largo de sus 68 años de vida. Muchas son las veces en que, recostado en su cama, la ha vuelto a ver, escena por escena, en su memoria que permanece intacta, no así su cuerpo que cada día se degrada más y más y se encuentra a merced de su incurable enfermedad.
Germán ha heredado de su padre la pasión por el cine, sí, pero no por el mismo género y tiene motivos suficientes para llegar a odiar como lo hace las películas de miedo, por banales que sean. Desde que su padre murió, siendo él un adolescente, nunca más ha vuelto a ver una cinta de miedo, ni siquiera un capítulo de una serie de misterio pero, a pesar de los años transcurridos, los recuerdos le perseguían sin descanso y, en su cabeza, seguía resonando el horrísono ruido que hacía aquella esfera metálica voladora persiguiendo al protagonista de Phantasm por un frío pasillo de un tétrico panteón o el estridente sonido que hacían las uñas desesperadas de aquellos nauseabundos zombies cuando arrancaban de cuajo las puertas y las ventanas de las casas para comerse los cerebros de los vivos en aquellas sangrientas escenas de La rebelión de los muertos.
Últimamente, Germán está demasiado agotado para acordarse de esas horribles escenas y es algo que, aunque parezca una actitud propia del desafuero y el masoquismo, agradece de alguna manera. Ya no se acuerda cuánto tiempo lleva acostado, ni siquiera sabe exactamente qué hora es. Lo único que le importa es respirar y descansar. Su cuerpo le pide a gritos fundirse plácidamente en esas sábanas blancas que cada dos días le cambia Rafaela, la cuidadora que también se encarga de bañarlo, darle de comer y afeitarlo, siempre con cariño y delicadeza.
Ayer tampoco vinieron sus hijos a verlo. Pero le dio igual, porque ayer fue la única noche que no sintió miedo cuando vio aquella intensa luz en el pasillo, sino paz y sosiego. Cerró sus ojos y no escuchó pasos acercándose ni el susurro de una respiración justo a su lado. Aquella última noche escuchó su nombre.
 —¡Germán!
—¡Patricia! Gracias por venir a buscarme.

11 octubre 2016

LAS ARRUGAS DEL TIEMPO, lectura recomendada por Casa del Libro.

Casa del Libro y Autores Tagus han incluido mi novela de ficción histórica, Las arrugas del tiempo, entre las imprescindibles para este otoño.
Mil gracias!!
Podéis leer la noticia AQUÍ.



29 julio 2016

Reseña de El amante japonés, de Isabel Allende


Son las 6:12 a.m. Llevo despierta un rato, dando vueltas en la cama. Todos duermen. Las aspas del ventilador de techo se mueven sin cesar, aportando ese aire fresco que en esta parte del mundo es tan necesario incluso a estas horas de la mañana.
Y es que en Austin el calor es sofocante: altas temperaturas mezclado con alta humedad, hacen del ambiente irrespirable.

Normalmente no me despierto tan temprano. Quizá el motivo de mi insomnio matutino haya sido el hecho de haber acabado de terminar hace apenas unas horas El amante japonés, de Isabel Allende, y algunas frases convertidas por mi imaginación en escenas hayan estado dando vueltas y más vueltas en mi cabeza como las aspas del ventilador.
"...y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun as'i quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno."
Otra de las causas puede ser que esta va ser la primera reseña que haga desde EE.UU. A pesar de los inconvenientes que eso conlleva, pues el teclado en el que estoy escribiendo es inglés y no tiene ni acentos ni eñe ni interrogación abierta (menos mal que está internet), me produce un cierta emoción hacerlo desde tan lejos de mi Granada.

Dicen que si sales indemne de un libro es que nunca has entrado. El amante japonés no me empezó gustando. Sus primeros capítulos me parecieron lentos y pesados; tengo que reconocer que tardé bastante en meterme en la historia. Algunas veces me suele pasar, pero no abandono, continúo leyendo y es cuando me llevo la sorpresa.

No sé si ha sido mi impresión pero en El amante japonés lo mejor está al final. Los últimos capítulos son magistrales y, como siempre, deseas que nunca acabe el libro.

Alma, esa mujer tan fuerte, a veces de hielo, durante buena parte del libro, y también de su vida, se cubre al final de ambos con una buena capa de romanticismo y ternura. Es entonces cuando piensas que sí, que no saldrás indemne del libro, que has entrado en la vida de Alma Belasco, de Irina Bazili, de Ichimei y de Nathaniel.

He leído un libro excelente, muy bien escrito tanto en estructura como en narración, con esa prosa sencilla y sin artificios innecesarios de Isabel Allende. Un libro lleno de lugares, de hechos históricos, de anécdotas, de luchas internas, de fracasos y éxitos, de enseñanzas..., en definitiva, de vida.
Una historia de amor fascinante y peculiar. Una historia de amor eterna, que sobrevive a los problemas y dificultades. Una historia de amor libre, que podría haber ocurrido de otra manera, y a lo mejor no hubiera sido tan fascinante, quien sabe, pero que los miedos y convencionalismos lo impidieron. Una historia de amor que no es una sino muchas, lo que nos enseña que el corazón es lo bastante grande para ello.

El amante japonés no es solo una novela romántica. Cuenta una historia a lo largo de 50 años, donde se engarzan otras vidas y otras historias, como las de Irina Bazili. Isabel Allende, en El amante japonés nos cuenta las crueldades de la II Guerra Mundial, el Holocausto, los campos de concentración, las injusticias sufridas por muchos inmigrantes japoneses en EE.UU.
El tema de la vejez también aparece a lo largo del libro, desmitificando muchas ideas que se suelen dar por sentadas.

En definitiva, un libro que ha llenado muchos ratos durante mi estancia en Texas, que me ha ido absorbiendo poco a poco.

Ya ha salido el sol. La imponente encina que veo desde mi ventana bajo la que estoy escribiendo me permite la luz necesaria para ello sin que los rayos de sol abrasen mis brazos.
Buenos días!